El director del Comité Antiterrorista visitará el país por tercera vez

El compromiso de Uruguay para actualizar su legislación, estrategia y estructuras de combate al terrorismo a los tiempos que corren lo diferencia tanto de la región que la Organización de Naciones Unidas (ONU) procura que el resto de los países latinoamericanos sigan el ejemplo uruguayo.

Para el director ejecutivo del Comité Antiterrorista de la ONU, Jean Paul Laborde -quien llegará al país este jueves 16- Uruguay es precursor de un modelo que revela como un estado con poca experiencia en la materia debe proceder para intentar blindarse del terrorismo, dijeron a El Observador dos fuentes del gobierno. El francés sigue de cerca la experiencia uruguaya y por eso visitará el país por tercera vez desde que asumió el cargo.

Las autoridades de gobierno aprovecharán la visita de Laborde para dialogar acerca de algunos puntos fundamentales de la estrategia antiterrorista nacional que aún no están resueltos. Siguiendo las sugerencias del Comité Antiterrorista de la ONU, el Poder Ejecutivo envió al Parlamento en diciembre un proyecto de ley de lucha contra el terrorismo que pretende transformarse en la primera norma “integral” en la materia en Uruguay.

La propuesta -que castiga el financiamiento, reclutamiento, incitación y facilitación deliberada de grupos o individuos con fines terroristas- fue la primera de las tres etapas de definiciones que recorre el gobierno. La delimitación de una estrategia nacional y la demarcación de una estructura concreta son los otros dos componentes, que aún están en proceso de construcción.

En todos los casos se busca instrumentar soluciones con un abordaje integral. Eso es: contemplar aspectos trascendentes para la seguridad pero también atacar las causas o condiciones que favorezcan el desarrollo del terrorismo. En la tarea están involucrados representantes de Presidencia, Defensa, Interior, Economía y Relaciones Exteriores.

La estrategia nacional uruguaya de combate al terrorismo se nutre de la experiencia de varios países europeos pero, sobre todo, sigue los lineamientos de Naciones Unidas que distingue cuatro objetivos diferentes: prevenir, proteger, evaluar y responder.

El respeto al estado de derecho y a los Derechos Humanos son dos pilares esenciales que sigue la estrategia nacional uruguaya, dijo una fuente de gobierno. La dicotomía entre ajustar los métodos de vigilancia y la vulnerabilidad de las libertades individuales es un punto de debate y tensión en varios países occidentales que delinearon estrategias de combate al terrorismo.

El diseño de una estructura antiterrorista creada de acuerdo a la estrategia nacional no requerirá de una inversión económica a gran escala sino la adopción de protocolos para mejorar de manera sustancial la coordinación entre diferentes organismos del estado y así brindar una respuesta óptima en materia de prevención.

Definición
En su capítulo primero, el proyecto de ley del Ejecutivo define lo que se considera por terrorismo. En primer lugar, pone el énfasis en el “acto” con una tipología de nueve categorías que van desde la toma de rehenes intencionada hasta la utilización de armas nucleares, químicas o biológicas.

En segundo lugar, establece que ese acto, por su naturaleza o contexto, debe ejecutarse con la intención de “provocar un estado de terror o miedo generalizado en parte o la totalidad de la población o intimidar a la población o a un gobierno o a una organización internacional” u “obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar algún acto o abstenerse de hacerlo”.

El proyecto aclara que el conjunto de delitos comunes graves que define la norma “no se aplicarán a la conducta individual o colectiva de personas en manifestaciones políticas, movimientos sociales, sindicales, religiosos o de cualquier asociación profesional con fines sociales o reivindicatorios que tengan por objeto criticar, protestar, apoyar, o defender derechos, garantías y libertades constitucionales, sin perjuicio de la tipificación contenido en la normativa penal vigente”.

La dificultad de adoptar una única definición conceptual de lo que es terrorismo y, por tanto, de la forma que debe ser combatido es uno de las principales escollos para mancomunar esfuerzos a nivel global. Los estados que desarrollan doctrina antiterrorista formulan sus propias definiciones pero, hasta ahora, fue difícil lograr un consenso a nivel internacional.

Fuente: El Observador