La travesía científica de dos jóvenes uruguayos por el sur del planeta

Viajaron con la Marina británica por la Antártida para investigar la contaminación de sus aguas

Por dos meses y una semana, Federico Weinstein (27) y Carolina Rodríguez (25) surcaron los mares más helados del mundo junto a la armada británica, fueron parte de la tripulación del buque científico HMS Protector, avistaron ballenas y pingüinos y vieron algunos de los paisajes más bellos del sur de la Tierra, además de contribuir a las investigaciones medioambientales en el sur del planeta.

Eso sucedió porque ambos fueron parte de una pasantía de investigación coordinada por el Programa Nacional Ártico Uruguayo y el gobierno británico cuyo objetivo principal fue monitorear la situación de la región Antártica en cuanto a la contaminación por residuos antropogénicos, sobre todo microplásticos.
La propuesta surgió a partir de la Marina británica, que anunció al Instituto Antártico Uruguayo que su buque científico rompehielo HSM Protector pasaría por la bahía uruguaya y existía la posibilidad de que tripulantes locales fuesen parte de la expedición. El puesto fue ocupado por los dos jóvenes, que se interesaron por el proyecto por la cercanía de la investigación que el buque realizaría con sus tesis de grado.

Federico Weinstein, licenciado en Gestión Ambiental por el Centro Universitario Regional Este de la Universidad de la República, enfocó su trabajo final en la comparación de microplásticos entre las playas Brava y Mansa de Punta del Este, mientras que Carolina Rodríguez, que se encuentra preparando su tesis de la licenciatura en Ciencias Biológicas con especificación en oceanografía, lo hizo con base en la comparación de los aportes sociales en algunos modelos oceánicos, y cuáles podrían ser los factores ambientales que están determinando el acumulamiento de microplásticos.

En el correr de una semana, los dos jóvenes debieron prepararse para pasar un largo tiempo en un entorno muy diferente al que estaban acostumbrados y a unos ritmos propios del régimen del barco en el que pasaron varios meses. Según contaron ellos a El Observador, el primer desafío fue adaptarse al régimen de una tripulación militar.
“Fue una experiencia increíble. Primero, porque fue en una tripulación de habla inglesa. Si bien nosotros tenemos conocimientos por las exigencias de nuestras carreras, es distinto convivir las 24 horas en inglés y con personas que se manejan bajo un régimen militar, siendo nosotros civiles uruguayos”, explicó Rodríguez. “Al principio fue más raro. Siempre estuvimos bajo el régimen civil, como invitados, pero es un barco multipropósito y a su vez es un barco de entrenamiento. Dos o tres veces por día había ejercicios de combate de fuego o de ‘hombre a bordo’, entonces, cuando sonaban las alarmas, nos asustábamos. De todos modos, fue superrápida la adaptación, siempre nos trataron como en nuestra casa, al segundo mes éramos como amigos. Terminamos con muy buenos vínculos y cebándoles mate a cada uno”, agregó.

La fraternidad fue algo que quedó en evidencia el jueves 2 de marzo, en un evento que tuvo lugar en la bahía de Punta del Este, en el propio buque HMS Protector. Allí, ambos explicaron los trabajos de investigación que realizaron en el viaje, y no dejaron de saludar y despedirse de la tripulación.

La investigación
Específicamente, lo que Rodríguez y Weinstein hicieron arriba del HMS Protector fue un viaje destinado a recoger muestras de microplásticos en zonas antárticas a fin de que se conozca más la situación de estos contaminantes en zonas remotas pero claves para el planeta Tierra. Para ello debieron adentrarse en zonas más inexploradas e incluso sin cartografiar, como las islas Georgias, un paraje que ellos calificaron como espectacular. “Es un lugar increíble, un sitio a donde nunca había imaginado llegar”, comentó Weinstein. Con temperaturas gélidas se adentraron varias veces en el mar en busca de muestras de microplásticos, bajo condiciones atmosféricas extremas.
También estuvieron emplazados durante algunos días en las islas Malvinas, donde debieron esperar por una avería en el barco que lo mantuvo parado. Según explicaron, ese fue uno de los momentos más complicados, porque se acercaban las fiestas y no sabían si podrían retornar a tiempo. Sin embargo sí lo hicieron y el 22 de diciembre tocaron nuevamente suelo uruguayo.

“Fue una aventura, porque estuvimos embarcados siempre, con tormenta, viento en contra y todo lo que te podés imaginar, y también accedimos a lugares a los que nunca nos hubiésemos creído. Ver esos paisajes, la fauna que tienen y llegar luego a la Antártida fue increíble”, aseguró Rodríguez.

Ambos explicaron que el ecosistema antártico es clave para la protección del medio ambiente y la conservación del planeta, y especificaron durante su presentación a bordo del buque que la abundancia de microplásticos es uno de los problemas más graves a los que se enfrenta la comunidad mundial. Además, destacaron que instancias de cooperación internacional como esta son esenciales para que los proyectos den frutos y se pueda controlar este dilema ambiental.

En estos momentos, las muestras recogidas se encuentran a la espera de ser evaluadas en el Centro Universitario Regional Este, para lo que se encuentran en recolección de recursos. Mientras tanto, los dos jóvenes se quedan con las imágenes que recolectaron en su viaje y en experiencias que seguramente se trasladen a sus futuros laborales y personales.

Fuente: El Observador

2017-03-09T11:06:17+00:00 Marzo 9, 2017|Categorías: Ciencia y Tecnología|Etiquetas: |