El neoexpresionismo ancestral de Lacy Duarte

El MNAV y el Blanes exponen Antología hasta febrero

Cuando uno se para frente a la obra de Lacy Duarte (1937 – 2015) siente, aunque el arte es subjetivo y la percepción es siempre un punto de vista, la intensidad con la que pintó. Está en los colores -negros, rojos, amarillos, naranjas, azules, verdes en todo su esplendor-, en las pinceladas, en las figuras y en los rasgos de los personajes de un trabajo cuyo período más conocido -desde 1986 en adelante, cuando ya estaba radicada en Montevideo- responde al neoexpresionismo y “es la obra que ella tenía necesidad de hacer y hacía y que cuando el espectador la ve, se encuentra con algo honesto, fuerte, de lo que hay que hacerse cargo”, dice Enrique Aguerre, director del Museo Nacional de Artes Visuales.

Tal vez sea por la sobreoferta, que también se da en el mundo de la plástica por los muchos nombres que hay para conocer, pero la obra de esta mujer oriunda de Mataojo de Salto no se conoce lo suficiente, así lo cree Aguerre y lo que se buscó en parte con la exposición que realizó en conjunto con el Museo Blanes -que puede visitarse hasta el 11 de febrero- “fue juntar fuerzas por una artista realmente notable como Lacy”, fundamental para la historia del arte uruguayo de la segunda mitad del siglo XX, explica.

La exposición Antología presenta una cronología de la obra de Duarte que va de 1956 a 2015 en el Museo Nacional de Artes Visuales -abierto de martes a domingo de 13:00 a 20:00 – y la colección “Los Pintujos”, una serie de cuadros que no son ni pinturas ni dibujos, que realizó desde 2010, en el Blanes -puede visitarse de martes a viernes de 13:00 a 17:45; sábado y domingo de 12:00 a 18:00.

Aguerre fue uno de los encargados de seleccionar la obra, etapa del proyecto que comenzó junto Duarte a finales de 2014 y que luego de que esta falleciera en 2015 decidió continuar, trabajando con uno de los hijos de la artista, Pedro “Pichin” Peralta, con Cristina Bausero, directora del Blanes, y con Maria Amalia Bulhões, amiga de Duarte y encargada del área de artes visuales de la Universidad Federal de Río Grande del Sur.

Lo que hizo Duarte fue crear desde y a través de sus sentimientos, de sus experiencias más profundas que la formaron, de lo vivido. Lo que logró fue, además de una obra que tiene lenguaje propio con la figura femenina como protagonista, fue generar un puente entre lo que Aguerre considera que termina siendo otro Uruguay, desconocido muchas veces para quienes viven en la ciudad. Ese diálogo está en el simbolismo de elementos como el caballo, representado en los caballitos de madera que tenían en el campo para jugar de niños, las muñecas que su madre le hacía y que ella volvió una constante en sus trabajos, en las plumas, en la tierra y en todos los materiales reales que llevó a sus cuadros. “Es un puente entre el arte más contemporáneo y la cosa más ancestral”, concluye el director.

EN EL BLANES
Una serie de “Pintujos”
Al Museo Blanes fueron una serie de obras que la artista realizó entre 2010 y 2015, y que además de la técnica, que mezcla pintura y dibujo, tienen en común las formas que se reiteran, entre ellas, una figura femenina, que recuerda a las muñecas de madera de su niñez.

Fuente: El País

Foto: Ariel Colmegna

2018-01-16T12:04:00+00:00 enero 16, 2018|Categorías: Cultura|Etiquetas: |