Esto no es una moda: cómo el rap se hizo uruguayo

Artistas y discos de alto nivel, rasgos de identidad que los separan de los extranjeros y un público ávido: las razones por las que el género gana cada día más espacio.

Esto no es una moda. No hay autos por la calle lanzando a todo volumen las rimas y los beats criollos. No hay remeras por la calle. Las canciones no suenan todo el tiempo, hasta el cansancio que acarrea la desaparición. No, esto no es pasajero. Vino con la intención de quedarse y están pasando cosas. Hay más movimiento, hay espectáculos, hay más artistas, y buenos. Cada disco que sale resulta tan o más impresionante que el anterior. No Te Va Gustar se lleva a una banda de rap como invitada a sus dos próximos shows en Buenos Aires, unos meses después de que otra banda los acompañara en escena en Montevideo y tocara junto a ellos y Buitres en Las Piedras. La Intendencia les asigna un escenario propio y ubica a artistas en el escenario principal dentro del Montevideo Rock de 2018. Nacen sellos especializados. Hay cada vez más batallas callejeras. Los raperos suben a los ómnibus y ya no son una rareza.

Desde hace años ya el rap está creciendo a nivel mundial. Los artistas pop recurren a ellos para que participen en sus canciones, toman sus ritmos, y subgéneros como el trap (tanto en inglés como en español) se expanden a una velocidad feroz. El reguetón lo involucra desde hace tiempo, pero ahora es uno de los géneros más pesados a nivel de mercado y ventas. En España y Argentina emergen nuevos artistas que se convierten en sensaciones de la noche a la mañana, algunos imitando el formato internacional y otros dándole un acento local. Y acá también.

Aunque el crecimiento uruguayo cayó en el momento justo, porque la tendencia internacional que generó oídos receptivos al género se fusionó con una camada de artistas muy fuerte, que se sumaron a los que ya lo vienen haciendo desde hace años y que ya eran referentes del rap local.

Diego Arquero nació en Uruguay, pero creció en Sevilla. Allá el rap estaba mucho más desarrollado y cuando volvió, a los 16 años, le costó encontrar colegas en un primer momento. A medida que los años fueron pasando, fue conociendo a otros, y notó como la situación cambiaba. «Desde hace tiempo venimos diciendo, ‘el año que viene revienta’. Siempre fui consciente del crecimiento. Es más visible, tiene más presencia social. Hoy las cosas son mucho más prolijas y hay un nivel muy alto en algunos exponentes. Ya hay una infraestructura de video, de sellos. No me animaría a llamarlo boom, porque además quiere decir que explota, es una moda y baja, como si lo tuvo la electrónica».

Para él, que publicó uno de los discos más divertidos, bailables y potentes de esta nueva etapa del género, en Uruguay ya hay una escena formada, tanto por nivel como por volumen. «Si en un país como este encontrás 30 raperos, con una calidad bastante alta, es porque hay una escena. Y capaz que hay miles de raperos».

Arquero y las dos bandas que integra: Los nietos de Iván y Los Buenos Modales. En esta también están Berna y Hache Souza, que son parte de otro grupo, MAC Team. Hay solistas como Gula, Zalo Solo y Santi Mostaffá. Hay bandas como DosTresCinco, AFC y Contra las Cuerdas. Hay voces femeninas, entre las que destaca Eli Almic. Está Kung-Fu Ombijam, un recluso de Punta de Rieles que a través del rap encontró una forma de contar su historia y de alejarse del mundo criminal. Y claro, los que están haciendo esto desde hace décadas, como La Teja Pride.

Leonard Mattioli es uno de los integrantes de estos últimos. Mientras camina por la ciudad por Montevideo rumbo a su trabajo, hace memoria y compara sus inicios a fines de la década de 1990 con el presente. «Ha sido una evolución lenta, han sido años de tocar y de gente escuchando. Ya es un género consolidado, no es simplemente una moda, porque hay más profundidad en lo que se produce, más compromiso con el arte, es hace rap por el valor del arte en sí, no solo para caerle bien a los amigos o para que vaya gente al toque».

En los inicios de La Teja Pride, no había demasiados interesados en el rap con quienes compartir la pasión y la música. No había posibilidad de ir a ver a los artistas que hacían lo que les gustaba. No tenían como escucharlo porque la radio no lo pasaba. Durante dos años a partir de 1998 armaron un programa en la radio comunitaria Alternativa FM para pasar rap, electrónica y funk, algo que hoy no sería necesario. «Hay oferta. Y pasa que si hay una banda que me encanta, la puedo ir a ver, porque están pasando cosas», afirmó Mattioli.

El Dj y compositor apuntó que el crecimiento fue primero a nivel de MCs (es decir, los que rapean) y luego de beatmakers (los que elaboran los ritmos sobre los que fluyen las rimas). Los primeros emergieron de las batallas callejeras, de los encuentros en plazas, puertas de liceos y lugares públicos. Y no es, para nada, un fenómeno capitalino: en Maldonado los freestylers destacan desde comienzos de la década pasada; en la Costa de Oro, bastión del reggae, se rapea sobre ese género; en Rivera uno de los MC rima en español y el otro le responde en portugués. Entre a Youtube y vea: hay registros de Paysandú, de Colonia.

La tecnología facilitó el desarrollo de la construcción de ritmos. La Teja Pride subía a los escenarios con una computadora de escritorio, y se las arreglaba con lo que tenía. Hoy es mucho más sencillo y amigable.

Rapear sin moldes
Leandro Souza se hizo rapero porque le gustaba escribir. Desde niño está obsesionado con la lectura y la escritura, escribiendo poemas y cuentos cortos. No fue hasta la adolescencia que a través del vecino de un amigo del liceo se metió en el rap. Se mandaban letras por carta y las corregían mutuamente. Era la posibilidad de escribir «cosas lindas con musicalidad» y de cantar sin tener que saber cantar, con letras que fueran realmente buenas.

Luego de años de bandas, abandonos del rap y vueltas, hoy Souza, con el nombre Hache Souza, integra MAC Team, los Buenos Modales y es también solista. Y considera que el rap uruguayo es, realmente, uruguayo. «Podría haber sido algo que solo mama de afuera, pero hay una escuela definida local. Y en otros lugares llevó más años establecer eso. Acá hubo una gran calidad inmediata», dice, desde su casa. De todas formas, puntualiza que la popularidad mundial también juega su partido. «Queda fácil decir que somos buenos, pero lo que viene pasando es mérito también de todos los raperos españoles, argentinos y de Estados Unidos. Nunca voy a saber si hay más mérito mío que del Duki en esto», explicó en referencia al artista de trap argentino.

Esa escuela local tiene como requisito que el rapero oriental tenga cierto bagaje cultural, consideró Souza. «Todos los raperos consolidados tienen respaldo de libros leídos, películas vistas y autores conocidos», y aclaró que esto no es de ahora. «Los buenos te recomendaban que leyeras, sin ser gente de clase media alta. R Loko fue el mejor rapero uruguayo, y el tipo estaba en la lona pero igual tenía mucha lectura. Eso se mantiene. Los raperos de Uruguay se cultivan y se nota».

Su compañero de los Buenos Modales, y uno de los fundadores del grupo, Santiago De Souza (alias DJ Pan) apunta que los raperos mantienen la tradición que se percibe en distintos géneros de la música uruguaya. «Son muy honestos, y eso se nota. Hay muy poca película. Son empáticos».

Más allá de honestidad y empatía, los integrantes de AFC se tomaron la misión de presentarse como los villanos de la escena. Ropa negra, actitud confrontativa, maquillaje y un estilo más agresivo y peleador son la marca registrada de la casa. «Siempre nos gustó ser los villanos, acá todos son muy buenos y coloridos, hace falta. Alguien tiene que hacerlo. Y ser malo es más divertido», dijo en la mesa de una cafetería céntrica Felipe Cracel, DönFelipe, uno de los MCs del grupo maragato.

Cracel destacó otro rasgo que se ha convertido en propio de los grupos de rap uruguayas, y es el hecho de que sobre el escenario no solo estén los MCs frente al micrófono y un DJ que programe beats, sino que también hay baterías, guitarras, teclados, bajos e instrumentos de viento. Son bandas propiamente dichas. «Se ha vuelto un rasgo natural, porque si estamos en un festival, vos tocás con un DJ y después vengo yo con una banda, te piso la cabeza. Además de que el uruguayo es un público muy roquero, entonces la pista sola le embola, tiene que ver el desgaste de los músicos arriba del escenario».

Santiago De Souza fue músico de rock antes de rapero y DJ. Junto a Guillermo Bezchizza, su amigo de la infancia y cofundador de Los Buenos Modales, tuvieron la idea de grabar el disco como ejercicio de producción, y no era estrictamente un disco de hip hop. No fue hasta que empezaron a hacerlo que tomó ese giro, y que se metieron en la escena local. Para él, la banda también es un rasgo muy uruguayo que recién ahora se está viendo en otras partes del mundo, y que se debe a la potencia en vivo de ese formato. Pero también cree que se vincula a la cultura local: «Somos muy musicales. Desde chico tenés incorporado un patrón rítmico muy complicado, el del candombe. Todo el mundo aprendió un instrumento de chico, los raperos se dieron cuenta y ahora que tienen la atención, el tiempo y los recursos, lo hacen».

Los raperos uruguayos también se apartaron de los moldes. Si bien para Mattioli hay más influencia de rapera de España que de otros países, los locales perdieron el miedo a «rapear como se habla», y reemplazaron el «io» por el «yo». Para Hache Souza, el rap criollo «no tiene una latinidad forzada, tiene más una identidad europeizada que nos gusta creer que tenemos. A nosotros nos acusaron de hacernos los gallegos, no los centroamericanos, porque hay más cercanía con ellos que con los caribeños».

Mattioli agregó el detalle de que no se imitan los modelos del género de otros mercados: «Eso pasa con otros géneros de acá: no se compra el molde, en otros lugares son tipos ideales. El cantante de trap con dientes de metal, pelo azul, ropa de nylon, temas de tres minutos acá no existe. La producción uruguaya es híbrida y no respeta fronteras de géneros. Como hay un mercado pequeño, la posibilidad de vivir del arte es difícil, hay más libertad, no te tienen que vender y no te etiquetan».

La fusión es otro condimento local, y cada grupo se vincula a algo diferente: Contra las cuerdas con el candombe, La Teja Pride con la electrónica, AFC con el rock, Eli Almic con el soul. Otros, como DosTresCinco, son más clásicos, pero eso también los hace diferentes.

Y eso se encastra bien con un público abierto y que no es purista. «El del rap es un público purista, pero el nuestro no es tan rapero. Miras y no hay tanta gorra. Nosotros traemos más gente tocando con Once Tiros o con Rey Toro que con otros raperos», dijo DönFelipe. Arquero apuntó: «el público uruguayo estaba esperando gente con la que sentirse representada. La identificación es un pilar de que una banda o un músico funcione. Antes se hacía rap para raperos. Lograr que le guste a alguien que no tiene nada que ver conmigo, o que nunca haya escuchado hip hop antes está perfecto, no hay necesidad de descuidar tu calidad como artista si eso le llega a otra persona. Y se rompió el paradigma del rapero caricaturesco de gorro y campera gigante». Y Hache Souza señala que el público de Los Buenos Modales o el MAC team, es «el que te cruzas en una fiesta de electrónica, en un toque de Buenos Muchachos, de Mandrake y los Druidas o de un jazzero».

Y para Cracel, hay aún un público potencial que por su edad, aún no compra entradas. «Veo el fanatismo más en redes que en la calle. Explotó pero fue virtual. Es medio confuso. Y nos escucha mucha gente de 15 años. Encontes sabemos que capaz no la pegamos ahora pero si en 5 años. Es una cuestión de tiempo, que esas generaciones más chicas crezcan».

Frente Rapero Unido
Otro factor local es el espíritu de colaboración, amistad y sana competencia que todos los consultados rescatan. Mattioli lo compara con el pasado: «Era tan mínimo el ambiente que se construía la vida en torno a la diferencia, eran 4 raperos y no hay más, si viene uno joven lo miro con recelo».
Hoy ha cambiado, y Cracel lo ejemplificó con Murgang, el disco más reciente de AFC: «Con DosTresCinco somos hermanos, grabamos en su estudio el disco, con su gente. Y hablábamos: «vos sacaste este disco, yo tengo que sacar uno mejor». Vas subiendo el listón pero no te peleas con los otros». Aunque matiza, «Va a haber bardo el día que hagamos plata todos».

Raperos con hambre
Los raperos orientales miran con hambre para el otro lado del Río de la Plata. «No estamos siendo inteligentes de armar un colectivo con tres o cuatro bandas e ir para allá. Cada uno la quiere pegar solo y yo pienso que no va a pasar. Queremos salir», aseveró Cracel.

Arquero le tiene fe al rap uruguayo: «Allá hay competencia pero son muy distintos, nosotros jugamos a otra cosa. Allá hay raperos o traperos consagrados pero es para otro público, en el rango de edad nosotros vamos para más adultos». Y Santiago De Souza une la camaradería con la necesidad de mirar para afuera: «Hay buena onda, y nos damos para adelante. Nunca sabes si sos el próximo Chocolate, entonces hay que ayudarse».

Consultados sobre su presencia en el Montevideo Rock, los raperos lo ven como un hecho que estaba destinado a pasar. «Se dieron cuenta tarde de que está pasando algo. Nos están dando lugares, y es que no hay otra opción. Hay público, hay gente y el producto tiene el valor artístico. Es lógico», dice Souza, y señala que le parece más sorprendente la invitación de No Te Va Gustar. «Estamos super agradecidos por el lugar que nos da Emiliano Brancciari, que es nuestro Mick Jagger. Es un reflejo de lo que está pasando».

Mattioli señala el escenario del festival como «el punto máximo en la historia del género en Uruguay, que muestra la diversidad del movimiento y la cantidad de oferta. Va a ser un antes y un después».

De Souza agrega: «Hay una tendencia, y esto marca la inteligencia de autoridades y sellos de darle pelota. Y lo de NTVG es un golazo tremendo, si te invitan a cerrar una gira es porque no es moda. La banda nos ha hecho saber que les gusta lo que hacemos, nosotros nos criamos con ellos, y está buenísimo. Así como es buenísimo que se abran puertas, que se rompa la cuestión de que siempre toquen los mismos en los festivales».

Y Arquero completa: «los organizadores saben que hay plata y que hay gente que lo va a ver. Se dieron cuenta que algo estaba pasando, sino no lo ponen. Es un negocio y está bien que pase. Están pasando cosas. Me para la gente a saludarme y es gente que nunca me esperaba, de todas las edades, desde el más cheto hasta el que no».

El crecimiento es real, y el presente brillante también. Y los raperos saben que esto no es una moda. Es algo que va a durar. La conclusión la resume Mattioli: «a esta altura el rap es parte de la música popular uruguaya, en el sentido de que es lo que se escucha, la que está viva. En el corto plazo no hay un paso atrás».

Fuente: El Observador

2018-10-17T16:38:34+00:00octubre 16, 2018|Categorías: Cultura|Etiquetas: , , , , , , , |