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OEI eligió 16 experiencias educativas uruguayas como ejemplo de buenas prácticas

Educación pública: se destacan por la perspectiva de derechos humanos, la calidad educativa y la sistematización de procesos.

La Oficina de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en Uruguay presentó el libro Rostros de la educación pública en Uruguay, que cuenta las historias detrás de 16 experiencias educativas que consideran ejemplo de buenas prácticas. El relevamiento estuvo a cargo de la magíster Patricia Gainza, quien, a partir de entrevistas a investigadores, docentes y usuarios, seleccionó estos casos. Su investigación destacó estas experiencias por su perspectiva de derechos humanos, por su calidad educativa en cuanto a la implementación, y la sistematización de procesos que permitan que los aprendizajes sean compartidos y replicados.

De las 16 experiencias se eligieron nueve para pasarlas al formato audiovisual, mientras que el resto se puede conocer por medio del libro. La primera experiencia que se cuenta es la de educación sexual en la formación permanente de docentes de educación inicial y primaria. Según se relata, hay una fuerte demanda de reflexión sobre las prácticas educativas relacionadas con la educación sexual, porque la inclusión del tema en el currículo no es acompañada en todas las escuelas con propuestas de enseñanza. Desde 2014 se propuso incluir estos temas como taller en el Instituto de Formación en Servicio (IFS) con muy buenos resultados.

Otra de las experiencias es la de la escuela Portugal, de Ciudad Vieja, que entre su población tiene una gran cantidad de migrantes y decidió hacer de eso una fortaleza, mediante intervenciones como asambleas generales y de delegados, en las que participan los alumnos y docentes de la escuela, madres y padres y ex alumnos, en dinámicas de escuela abierta.

También se relata la experiencia del programa “En primera fila: escuelas rurales al Auditorio”, en el que niños de todas partes del país llegan al SODRE para disfrutar del cuerpo de ballet. Más allá del rico acercamiento a la cultura de los niños, las maestras destacan que comienza a haber ciertos cambios de conducta relacionados con los estereotipos de género.

Plan Ceibal está presente en el conjunto de experiencias de los estudiantes de baja visión, que fueron los primeros beneficiados de las adaptaciones que se hizo al primer modelo de XO. Se brindó un conjunto de recursos digitales diseñado para ellos, así como el dispositivo adaptado, que garantiza que todos los beneficiarios tengan las mismas posibilidades.

El programa “Primera infancia, arte, derechos humanos y convivencia ciudadana”, que desde 2009 lleva adelante el Teatro Solís junto al Instituto Interamericano de Derechos Humanos, también forma parte del libro. Tiene por objetivo superar el bullying, la discriminación y la violencia en las aulas, otorgando a los docentes herramientas de las artes escénicas. A partir del año pasado se sumaron a los educadores distintos perfiles, como personas recién liberadas del sistema penal, liceales, educadores del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay y estudiantes de Formación en Educación.

La educación en contextos de encierro aparece en el libro en la experiencia del taller de huerta de la unidad penitenciaria 13 de Las Rosas, en Maldonado. Con el proyecto se logró restablecer la organización colectiva y la autonomía para los privados de libertad, mientras que se generaban alimentos saludables.

Relacionado con la naturaleza, se comenta la experiencia de apropiación de los espacios educativos por medio de la construcción natural, en el liceo de Ciudad de la Costa, en Canelones.

En línea con la inclusión se cuenta la experiencia del Centro 2 de Jóvenes y Adultos, que permite que las personas que interrumpieron sus estudios puedan retomarlos. En ese centro se decidió incorporar a los egresados de la escuela especial 259 que son estudiantes con discapacidad intelectual leve que no obtenían acceso a otras propuestas de la educación formal. De este modo, en este espacio singular se integraron estudiantes con discapacidad a un grupo de personas de todas las edades, con el objetivo de culminar la educación media básica.

También se destaca la experiencia de los centros de cuidados y educación para hijos de padres estudiantes de liceos, en la que niños de hasta cinco años pueden tener educación de calidad mientras sus padres continúan sus estudios.

En profundidad
Más allá de las experiencias relatadas en el formato audiovisual, otras tantas se pueden conocer al leer el libro. Por ejemplo, los programas Ajedrez para la Convivencia, que busca promover este juego como herramienta socioeducativa, y Gol al Futuro, que por medio de diversas estrategias reintegra a los jugadores de entre 13 y 19 años al estudio formal, al tiempo que acompaña a quienes se encuentran estudiando, para evitar la desvinculación.

Se hace mención también a los Centros Educativos de Capacitación y Producción (CECAP) que fueron pensados para los jóvenes que no acceden a la educación formal, pero que se han transformado en un espacio abierto a todos, donde se ofrece una propuesta educativa organizada por semestres, con diversidad de espacios pedagógicos en diferentes áreas.

La profesionalización de los jóvenes a través del Bachillerato en Química Industrial de la UTU; el programa Luces para aprender de OEI y UTU, que entregó paneles solares a escuelas que no tenían electricidad; el programa de jóvenes críticos de artes escénicas del Teatro Solís, y la integración de la escuela al barrio que hace la escuela 319 de Casavalle con distintos proyectos, cierran el conjunto de las 16 experiencias destacados por la OEI.

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Fuente: La Diaria

2019-10-22T09:46:22-03:00octubre 21, 2019|Categorías: Educación|Etiquetas: , , |