Un siglo de Pueblo Edén

A cien años de su fundación, el mágico lugar busca mantener su espíritu manso y amigable a pesar del crecimiento de visitas nacionales y extranjeras

Gabriela Viera
Especial para El Observador

El trazado de la ruta 12 es, de por sí, atractivo. Entre sierras y curvas el trayecto se hace placentero. Si uno viaja dejándose llevar por el paisaje, quizá pase por el acceso a Pueblo Edén sin darse cuenta; el camino –simple, relajado y bello– puede distraer hasta al más atento. A la borde de la carretera hay edificaciones antiguas, casas de campo, la bodega Viña Edén, que asoma sobre un cerro. El escenario, enseguida de cruzar el puente sobre el arroyo El Pintado, es ideal para detenerse a contemplar la postal y descansar. El kilómetro 30 marca el acceso al pueblo. Lejos de la pujante y alborotada Punta del Este, aquí apenas asoman algunas construcciones entre los árboles. Una vieja casona color rosa que durante años fue un almacén de ramos generales da la bienvenida. Hoy, en mano de extranjeros, es una residencia particular.

Luego, un pequeño puente permite el ingreso al pueblo y un arco que hace de portal indica el año de su fundación: 1917. Y es ahí cuando la vorágine de la ciudad desaparece definitivamente. Tal vez la explicación esté en la energía de las sierras, en el aire plácido de un pueblo que conserva el alma de hace un siglo o en los carteles que recomiendan que el visitante vaya despacio. Calma, refugio, tesoro son algunas de las palabras que aparecen en la mente del visitante.

Muchos lo definen como slow town, otros como centro gastronómico; la mayoría coincide en hablar de remanso. Sus pobladores no se oponen a la llegada del turismo. Sin embargo, tampoco desean que su pueblo se ponga de moda y que eso implique perder la simpleza y la paz.

Los festejos del siglo
La historia cuenta que el pueblo nació de la división de tierras que hizo don Ramón Furtado en 1917. Dueño de una gran extensión de campo, loteó el predio y eso dio inicio al poblado de Edén, antes llamado Villa de Mataojo de San Carlos. La evidente belleza de la zona fue lo que luego dio nombre al poblado. En aquel entonces la mayoría de los vecinos se dedicaban a tareas de campo y eran los proveedores para los estancieros de la zona. Hoy en Edén viven 100 personas; los fines de semana y en los meses de verano la cifra aumenta. Además de uruguayos y argentinos que tienen chacras, estancias o casas de descanso, en la zona también viven muchos extranjeros de origen holandés, inglés, canadiense y americano.

La celebración por el siglo de Pueblo Edén duró una semana e involucró a todos los vecinos. Se realizó en agosto y estuvo comandada por la Comisión del Pueblo, que trabajó durante un año para hacer posible la fiesta. También participaron en la organización la Intendencia de Maldonado, el Ministerio de Turismo, la Sociedad Criolla de Solís de Mataojo, el Municipio de San Carlos, además de visitantes, amigos, turistas nacionales y extranjeros y emprendedores que están vinculados con el lugar.

En los momentos pico de los festejos llegaron a la zona 25 mil personas y hubo cuatro kilómetros de autos estacionados en la banquina de la ruta.

Alfredo Bugliani, presidente de la Comisión de Pueblo Edén, reafirmó el principal imán de la región: “Cada vez llega más gente buscando paz, vida lenta, detenerse”. El objetivo, para el aniversario, era hacer la celebración preservando la identidad de Edén. “La meta es que sigamos viviendo al tranco, nos alegra que acá podamos darnos un respiro, trabajamos para no perder eso y cuidarlo”. Entre los desafíos de Edén está, según Bugliani, ofrecer más opciones de alojamientos.

Entre vinos y slow food
El establecimiento Viña Edén está presente desde hace algunos años en la zona. En 2008 comenzó con los primeros viñedos. Y en diciembre de 2016 abrió la bodega con su planta vertical que se mimetiza con el paisaje. La apuesta, desde ese entonces, es captar la atención de los turistas que disfrutan de la enología. Viña Edén ofrece, además, un restaurante en la altura de su cerro que ofrece una vista privilegiada.

Además de degustar los vinos y de almorzar en un salón que parece estar colgado de las sierras, los visitantes pueden conocer las instalaciones en recorridos guiados que descubren los secretos de la bodega.

Los turistas vienen a Edén también por un motivo gastronómico. La Posta de Vaimaca, por ejemplo, es un lugar que se ha convertido en un clásico, con clientes que llegan exclusivamente a probar su cordero, el plato de conejo o las pastas. Durante los días de invierno hay también comida de olla. Además del entorno natural, Vaimaca propone olvidarse del reloj. En sintonía con el espíritu del pueblo, la posta propone una visita sin apuro.

María Inés Núñez y Hugo Marrero –responsables de la posta– llegaron hace 28 años al pueblo y luego de varios emprendimientos se animaron a ponerse a cocinar para otros. Así abrieron las puertas de Vaimaca.

Otra de las propuestas gastronómicas del pueblo es La Casita de Chocolate. El salón de té y merienda también ofrece almuerzo y se ubica a pocas cuadras del ingreso a la población. En la puerta, un pizarrón con algún mensaje inspirador es capaz de robarles una sonrisa a los comensales.
La casa salida de un cuento, los aromas a chocolate y a tortas recién horneadas y el sol que se cuela entre las viejas ventanas restauradas y los vitrales realizados con botellas de vidrio son algunas de las razones por las que este espacio consigue que el tiempo se detenga. La responsable detrás de la magia y los dulces es Romina Cúneo.

También está la casa de comidas Lo de Cris, que ofrece otras alternativas para degustar los sabores de Pueblo Edén.

Para los que quieran quedarse a dormir en el pueblo hay pocas opciones. Una de ellas se encuentra en el kilómetro 26,5 de la ruta 12. La Holandesa es un bed and breakfast propiedad de Lea Lichtenberg Weima que, por supuesto, llegó a Uruguay desde Holanda. Está abierto todo el año y cuenta con un inmenso jardín que mira a la sierra de los Caracoles.

Un himno y un libro por los 100 años
El propietario de La Posta de Vaimaca, Hugo Marrero es, además, luthier y artesano. Con motivo del siglo de Pueblo Edén compuso una canción que se convirtió en el himno que interpretaron, durante la celebración, los niños de la escuela de San Carlos.

El aniversario también tuvo su libro. Realizado por Gustavo Bazerque Martín, 100 años de historia y de historias, es una larga investigación que aporta datos y fotografías de la zona y relata los inicios y el desarrollo del pueblo. Además narra acontecimientos como el paso de la diligencia; destaca la importancia que tuvieron los manantiales y el agua cristalina; y describe cómo eran los almacenes de ramos generales que había en la zona, como, por ejemplo, el de Jacinto Torre.

“Me llamó la atención el gran sacrificio de los primeros pobladores para dar impulso al pueblo”, dijo Bazerque. También cuenta que la zona tuvo tres nombres diferentes: Mataojo, Carapé, Guardia Vieja. En su relato.

Fuente: El Observador

2017-11-01T16:08:18+00:00 noviembre 1, 2017|Categorías: Sociedad|Etiquetas: |