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Un italiano comprará pabellón de Uruguay en Expo Milán para instalarlo en polo logístico

Un ingeniero italiano de 43 años, dedicado a la logística, está a punto de cerrar el contrato de compra del edificio que ofició de pabellón de Uruguay en la Expo Milán 2015.

Federico Terraneo es el nombre del empresario que ha decidido trasladar la edificación construida con materiales livianos y reciclables hacia Origgio, un municipio de 7.043 habitantes ubicado en el sur de la provincia de Varese, a unos 17 kilómetros al noroeste de Milán.

Terraneo es allí uno de los propietarios y fundadores de una compañía llamada Neologística, encargada del depósito, vigilancia y distribución de mercaderías de diversos rubros, como ser productos farmacéuticos o cosméticos. En las cercanías de galpones blindados, equipados con altísima tecnología en materia de seguridad, mantenimiento de temperaturas adecuadas o traslados es que está ya determinado el lugar en donde volver a montar las piezas del pabellón uruguayo.

Las plantas superiores tendrán por destino casi seguro el de oficinas. Mientras que en la planta baja se mantendrá la parrillada que a tanta gente convocó durante la expo de este año.

No quedó resuelto aún quién será el asador, pero es casi seguro que se trate de un joven uruguayo que trabajó en el pabellón, contratado por los chefs que ganaron la licitación.

Las negociaciones son llevadas adelante con la empresa Campana Construcciones, la cual quedó comprometida en principio a levantar la edificación y desmontarla. No estaba previsto en principio que apareciera un interesado en comprarla, pero de todos modos la transacción es viable porque Campana Construcciones no bien obtuvo la licitación quedó habilitada para comerciar los materiales.

La pareja de Federico Terraneo es una uruguaya, Flavia Kulys. Ella dijo a El País que hoy habrá una nueva reunión entre las partes y que el pabellón comenzó de desarmarse.

«Uruguay en la Expo fue un éxito en todo sentido, y ni qué hablar de lo que se dio con el restorán. Queremos continuarlo pero no vamos a usar el logo de Uruguay Natural. Está pasando lo mismo con pabellones de otros países, que se están vendiendo», contó Flavia Kulys a El País.

La carne que importarán a Italia será uruguaya si bien se trata de cortes envasados al vacío que deberán solicitar al proveedor de la península y no directamente al Instituto Nacional de Carnes.

En los últimos días de la Expo Milán así se cumplió también con la demanda de los visitantes del pabellón uruguayo puesto que se había agotado el stock que procedía directamente de distintos productores nacionales.

«En el primer piso, en donde se proyectaban los audiovisuales, no había aberturas. Ese va a ser un mínimo cambio para que puedan instalarse oficinas», afirmó Kulys.

Pocos cambios

Una sustitución segura será la de los maderos o astillas de la fachada que no habían sido tratadas contra lluvias o calo,r teniendo en cuenta que el proyecto estuvo diseñado para mantenerse en pie los seis meses que duró la Expo.

«Habrá que poner otras astillas, pero la estructura del pabellón quedará igual, y también se mantendrán las letras de Uruguay en hierro», sustuvo Kulys.

Federico Terraneo dijo a El País que en Milán no existe una parrillada uruguaya; su idea la impondrá por primera vez.

Consultado acerca del precio de la operación, prefirió no dar cifras. «Yo tengo depósitos y estoy muy cerca de la Expo. Es cómodo para la empresa llegar a Orrigio y dejar el material. Ahora, si ellos demolieran el pabellón les cuesta menos que desmontar cada vidrio, cada pared de yeso, los hierros, maderas, pisos. Eso lleva dos semanas. Uruguay había dejado paga la demolición, que con la máquina araña se hace en un día. Vamos a tener que pagar un poquito», indicó Terraneo.

En la Expo Milán 2015, el espacio gastronómico de la Franquicia Uruguay Natural (parrilla gourmet), en donde se podía degustar platos certificados por el protocolo de Uruguay Natural Club del Instituto Nacional de Carnes, tuvo un éxito rotundo.

Pasaron por sus instalaciones, que no eran muy amplias, unas 80.000 personas. Los chefs fueron Tomás Bartesaghi, Eduardo Iturralde, Rodrigo Fernández y Agustín Urrusty.

Para conseguir mesa había que esperar una hora y media. Hubo un día de 900 cubiertos, un récord absoluto porque el promedio era de 300. El INAC tenía una representante permanente, Jimena Sarroca, que enseñaba a los clientes de dónde provenían los cortes de la carne: bife angosto, vacío o lomo.

Un software asociado a tabletas permitía a los clientes conocer la región, el campo y el productor de la carne consumida.

Nunca hubo asado debido a la prohibición que regía en Italia de importar carne con hueso.

Las autoridades de la Expo y el gobierno italiano invitaban a comer en el restorán uruguayo, cosa que se sabe simplemente porque lo visitaron unas cuantas veces.

El director general de la FAO también lo eligió, y en ningún caso todos ellos concurrían evaluando precios. La propuesta nacional duplicaba el precio del menú francés.

Arquitectura y materiales del edificio desmontable

Bajo el lema «La vida crece en Uruguay», el pabellón celeste en la Expo Milán 2015 presentó sus cualidades respecto al cuidado de la naturaleza, la energía y el origen de los alimentos. El local albergaba espacios en donde el visitante podía conocer la gastronomía, la cultura, paisajes y tradiciones uruguayos. Contaba con áreas para reuniones de negocios y comercialización de productos típicos. Uruguay fue uno de los 145 representados en la Expo Milán 2015. En ese ámbito se expusieron distintas soluciones a la problemática: «Alimentar el planeta, energía para la vida».

El pabellón posee un diseño innovador, con tres pisos y 785 metros cuadrados; la estructura es completamente desmontable. En su realización se utilizaron materiales reciclables, de acuerdo a las normas de la exposición.

La fachada está constituida por una estructura envolvente, suspendida, que combina piezas rústicas de madera y elementos verticales de acero. En tanto, la parte interior del edificio se diseñó envuelta en una pieza opaca de color blanco, que se abre mediante recortes curvos que definen el contacto con el suelo y la plaza pública.

Su forma ovalada es recorrida por una rampa perimetral en espiral que permite el acceso a los diferentes niveles. En el interior, el pabellón alberga un área expositiva, donde los visitantes acceden a audiovisuales. Uruguay gastó 6 millones y medio de dólares en su pabellón y recibió más gente (el 90% italianos) que Brasil, Argentina y Chile, que invirtió 25.

Estuvieron de visita en Uruguay dos semanas

Flavia Kulys vive hace ocho años en Italia. Trabajó durante la Expo Milán 2015 en el pabellón de Uruguay, asesorando y comercializando diversos productos manufacturados por artesanos nacionales.

La empresa italiana que fue contratada por Uruguay XXI para seleccionar personal estuvo conectada a su vez con el consulado uruguayo en Italia, y desde éste se la convocó. «El restorán iba por una línea y nosotros por otra, compartíamos el pabellón. Todo lo que hacía Uruguay XXI tenía que ver con la difusión del audiovisual, hacer las visitas del pabellón, y la realidad virtual. En el restorán, los camareros y el personal de cocina eran italianos. En Uruguay XXI éramos tres grupos, uruguayos que estamos radicados en Italia».

Flavia Kulys mantenía con Federico Terraneo un vínculo amistoso. «Él se enganchó con lo de Uruguay porque yo trabajé en el pabellón. En seis meses lo visitó un montón de veces».

El último fin de semana, ambos partieron desde Carrasco a su residencia en Cantú, una ciudad de 37.431 habitantes, situada en la provincia de Como, en la región de Lombardía.

Estuvieron dos semanas en Uruguay; fue la primera vez que Terraneo visitaba el Río de la Plata, aunque ya había viajado a Latinoamérica y conocido, por ejemplo, Brasil y México.

Lo que más le llamó la atención, curiosamente quizás para los montevideanos, resultó ser la limpieza y el orden. «Si tu vienes aquí y miras una carretera, todo el pasto no está cortado bien; en Uruguay está prolijo», dijo.

También le pareció «muy bueno» el vino tannat que probó y las parrillas.

Antes de fin de año deberá terminarse el levantamiento del pabellón, que nadie pensó nunca que alguien iba a volver casi patrimonial, al decidir comprarlo. Solo los elementos tecnológicos que se adquirieron en Europa, ya se trajeron a Uruguay, como ser los equipos de audio, los brazos robóticos y las pantallas asociadas para las promociones turísticas y culturales.

Fuente: El País

2017-02-20T02:59:09-03:00diciembre 3, 2015|Categorías: Sociedad, Uruguayos Destacados|Etiquetas: |