Una ciudad para coleccionistas

Decenas de cachilas y cientos de canciones de Gardel son pilares de un museo con hotel.

Primero fue el museo de los Ford T y después, por necesidad ante la cantidad de visitas, el hotel —con una veintena de habitaciones— y el restorán, con un mostrador de roble y un cálido rincón para homenajear a Carlos Gardel. Mientras se registraba ese empalme de emprendimientos, en las afueras iba creciendo una especie de pueblo que muy bien funcionaría como locación para films ambientados a comienzos del siglo XX, ya que incluye desde una estación de ferrocarril estilo inglés y una estación de combustible, hasta un almacén, una botica, una peluquería o una herrería de época, con un motor a vapor de 1886 que pesa cerca de tres toneladas.

En lo que se conoce como Hotel Museo y Restaurant FordT City, enclavado a dos kilómetros de Tacuarembó, en un predio de 4 hectáreas, hay 30 vehículos y más de 400 discos de Gardel, en un acervo único que incluye otras piezas raras como una locomotora de 1911, “la 14”. El proyecto completo se debe a Félix Eduardo Custodio, un tornero aficionado a todo tipo de fierros, que comenzó a reunir vehículos Ford T hace dos décadas, cuando casi no los quería nadie porque en todo el mundo la moda era conseguir los Ford A.

“Mi padre murió en 1998, muy joven, a los 55 años, y ahí me dije que debía hacer un museo, para no pasar por la vida sin dejar nada”, cuenta hoy Custodio, a los 50 años y a poco más de un lustro de haber abierto el museo, que incluye todos los modelos de la marca, custodiados en principio en una antigua caballeriza, en donde luego se erigió el hotel.

Por esas vueltas de la vida, hace un año y medio Custodio se asoció en los hechos con Elton de Moraes, coleccionista de discos grabados por El Mago en Nueva York y Buenos Aires. Las pesquisas pacientes que este hombre hizo durante más de sesenta años, que le permitieron acumular unas novecientas canciones, supusieron un nuevo “estirón” para el museo.

Ese cruce entre Gardel y Ford que ambos concretaron les trae hoy a la memoria el trágico accidente de Medellín y otra coincidencia. Cuando el cantor uruguayo murió, viajaba en uno de los aviones más modernos del momento, el Ford Trimotor F-31, que carreteó hasta la cabecera sur del aeródromo, hizo una prueba de motores y emprendió un despe-gue que derivó en un desvío y choque con otro avión que estaba al borde de la pista, también un Ford Trimotor, matriculado como F-11 y denominado Manizales.

“Mi padre corría en Ford T”, recuerda Custodio en otro momento de la charla.

“Yo lo vi romperlos para hacerlos de carrera y yo me dediqué a juntarlos, a reconstruirlos y armarlos, todo lo contrario que hacía él”, afirma con una sonrisa.

Pero además de las clásicas cachilas, el museo tiene atractivos como una Harley-Davidson con sidecar de 1916 que atrae a los motoqueros. “Se sienten identificados y además este es un lugar muy familiar que los atrae, porque les gusta también la tranquilidad y precisan un descanso”, comenta Custodio.

Para el hotel y el museo, la alta temporada se da en los meses de marzo y abril aunque se trabaja todo el año.
“Acá está la ciudad antigua, con su banco, su iglesia (que se llama la Sagrada Familia) y su escuela pública, pero lo más importante es lo que hay adentro de las edificaciones, como los bancos, por ejemplo. Y en el restorán todo lo que se ve es viejo, como en la época de antes, en los años 20 y 30; las heladeras actuales están escondidas”, explica Custodio, que define su iniciativa como “una enfermedad”, o como un álbum a completar.

Balances y aperturas.
“Tenemos un proyecto armado, le faltan pocas figuritas; la idea surge también pensando en lo que pasa en la Patria Gaucha. Podríamos tener uno de los museos interactivos más lindos del mundo, no solo de América, si esa fiesta hubiese dejado cada año uno de los premios a las construcciones en donde se hace o en otro lugar. La Patria Gaucha tiene más de treinta años… ¡el museo que tendríamos!”, se lamenta Custodio.

El Hotel Museo y Restaurant FordT City es una propiedad privada pero su dueño aspira a que se vuelva un tesoro de la comunidad. Piensa firmar una donación modal con la Intendencia para que los objetos se socialicen. La idea es que sus hijos mantengan un derecho de usufructo de los bienes muebles y la propiedad pase al gobierno departamental, a cambio de que este ayude al mantenimiento de los vehículos y aporte guías turísticos.

Una de las hijas de Custodio está estudiando veterinaria, le gustan mucho más los caballos que las tuercas, y por eso es la candidata a defender la raíz campera. La otra hija en cambio cursa arquitectura y ya ha demostrado su interés por seguir colaborando con la ciudad en formación. El hijo más chico tiene 6 años y se encamina a ser un apasionado de los fierros como el padre, pero este prefiere dejarlo crecer sin presiones: “el tiempo dirá”.

Hasta el presente, el museo abre solo de noche, en horas en que funciona el restorán, porque no es posible seguir incrementando los costos. Con orgullo por el terruño, Custodio enfatiza que en Tacuarembó “hay muchos museos escondidos, de trenes, de aviones, la gente no tiene idea. Desde la época de Gardel y de René Marino Rivero, que era pariente nuestro, a Tacuarembó, culturalmente, no lo para nadie”.

DOS POR CUATRO: Por los tiempos de los discos de pasta
Elton de Moraes, un salteño que cumplió 87 años, es un gran compinche del inventor del Hotel Museo y Restaurant FordT City. Digamos que le puso música, con tangos, milongas y canciones criollas de Gardel. “Empecé en el año 54, yo vivía en una pensión en Montevideo, en Chaná y Requena.

Había llegado en el 48 y me dedicaba más a escuchar a Gardel que a estudiar. Un día un compañero de almuerzos que estudiaba agronomía, de apellido Ponce de León, me comentó que en su casa había unos discos de Gardel, y me regaló tres o cuatro, de aquellos de pasta de 78 revoluciones por minuto. Y bueno, empecé a ir a la feria de Tristán Narvaja y a los boliches que vendían esos discos, pero lo hacía sin saber muy bien qué estaba comprando, hasta que en un suplemento de El Día publicaron un listado completo con las grabaciones de Gardel. Ahí me sentí yo Gardel, empecé a tildar los que tenía. Hace dos o tres meses conseguí los últimos dos o tres discos que me faltaban”, dice de Moraes, quien además de reunir las grabaciones hechas en Buenos Aires y Nueva York está tras los pasos de las que Gardel efectuó en Barcelona, cinco temas no grabados en otras partes del mundo.

“La mina del Ford” entre valijas y mucamos
La colección reunida por Elton de Moraes llega a unos 475 discos, más de 900 temas cantados por Gardel. “Puede ser que haya algunos repetidos, pero grabados unos con guitarra, otros con guitarra y orquesta o en el sistema acústico los primeros, hasta el año 1924 o 25. Después empezaron las grabaciones en sistema eléctrico, que son las que más se conocen actualmente”, explica el coleccionista.

Entre las curiosidades de este acervo figura el tema titulado “La mina del Ford”, que cuenta la historia de la muchacha que ya muy aburrida agarró la valija y abandonó a su pareja, porque entre otros placeres pretendía, además de cortinas de seda crepe, “Que venga el mucamo/Corriendo apurado/Y diga… señora,/ Araca, está el Ford!”.

Entre las placas peculiares de la colección, de Moraes menciona un disco de Roberto Firpo en el que canta Gardel a dúo con Razzano. Otra es “Como agoniza la flor”, publicado en Alemania, España e Italia, pero no en Argentina.

Fuente: El País

2018-08-20T16:08:33+00:00 agosto 17, 2018|Categorías: Cultura|Etiquetas: |