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Yafu (Young Architects from Uruguay): El primer colectivo de jóvenes arquitectos del Uruguay

Si nos detenemos en que dos cabezas piensan más que una, la idea de un colectivo -sea del rubro que sea- parece una apuesta segura, sin grandes complejidades. Sin embargo, cuando un grupo de profesionales decide aunarse en un conglomerado debe estar dispuesto a recibir pero también a dar.

Este espíritu de compañerismo y competencia sustentable es el pilar de Yafu, el primer colectivo de jóvenes arquitectos del país organizado en esquemas de producción horizontales y una estrategia colaborativa. Lo bueno de Yafu no solo es que pretende hacer visible una nueva generación de arquitectos, sino que por fin tiende una red de cooperación intrínseca entre cada uno de los integrantes del colectivo hacia Uruguay y el mundo.

Dentro de sus objetivos más prioritarios está el promover y fortalecer el desarrollo de la arquitectura a nivel local, incentivando una competencia sana y un posicionamiento estratégico dentro del sector público y privado. Para conocer un poco más sobre Yafu, charlamos con uno de sus fundadores, Paco Hernández, titular del estudio HMOZ Arquitectos, quien nos habla sobre este colectivo de arquitectos jóvenes que empieza a tener relevancia en el medio y va por más.

Repasemos un poco la trayectoria del estudio HMOZ, ¿cómo surge y qué proyectos llevaron adelante?
Formo parte del estudio desde 2006, cuando lo creamos junto a Pablo Roquero, Lucas Mateo y Emilio Magnone a raíz de un concurso en el que trabajamos siendo estudiantes. En ese momento, trabajamos mucho con Sergio Barreto participando de llamados nacionales e internacionales, y con Fábrica Paisaje, que si bien siguió su rumbo independiente aún mantenemos el vínculo de estudios hermanos. Luego de consolidarnos como HMOZ, hicimos varios concursos de viviendas y arquitectura, participamos en el concurso del Centro Cultural Bicentenario que se llamó Kirchner allá en Buenos Aires, hicimos cosas en Brasil y luego empezaron las obras y varios proyectos comerciales en Punta del Este. Siempre manteniendo un fuerte vínculo con la facultad, ya que todos fuimos docentes y Lucas lo sigue siendo en ciertos talleres.

¿Creés que ser docente en facultad facilita el acceso a información de los concursos de primera mano?
Sí, totalmente. Los docentes mayores se enteran de concursos, te invitan y cuando sos estudiante y no tenés la firma no podés entrar solo. A veces, el arquitecto titular del concurso no tenía tiempo y nosotros como estudiantes hacíamos el laburo de maquinitas para que luego el profesional acomodara el proyecto hacia un buen rumbo. Si no estás dentro del ámbito académico con cierto vínculo, no te enterás, no se filtra, no hay difusión.

No solo es inexistente el canal oficial de difusión de los concursos, sino que además muchos de ellos no se concretan y quedan en la nada. ¿Qué pasa con eso?
El otro día, uno de los integrantes de Fábrica de Paisaje, Diego Pérez, dio una charla en la que comentaba un poco sobre eso. Yo creo que aunque a veces los concursos no se ejecuten en su totalidad, pueden tomar otra forma y quedar en modo de relato. No es que no nos importe, pero sucede que en ocasiones las cosas toman otro camino.

¿Cómo se da el crecimiento de estudio HMOZ y en qué contexto surge la iniciativa Yafu?
De a poco nos empezamos a vincular mucho con la parte comercial y gastronómica, hicimos varios restaurantes, algunas obras efímeras, trabajamos con Federico Mirabal en Italia y Punta del Este, e hicimos un stand para el grupo Marfrig cuando se instaló en Expo Prado. En los últimos años, estaba trabajando de manera independiente y me empecé a vincular con otros arquitectos como Nicolás Queirolo, y surge la oportunidad de presentarnos en un concurso cerrado de Nestlé para hacer el primer café Dolcegusto del mundo en la zona del World Trade Center de Montevideo. A raíz de esas experiencias, empezamos a pensar en salir de la chacrita de estudios cerrados hacia algo más colectivo en asociación con otros estudios. En 2015 participamos en un curso de proyectos de innovación relacionados a la tecnología en la Facultad de Ingeniería, apoyado por la Fundación Ricaldoni, y a partir de entonces me asocié con dos o tres ingenieros para empezar a desarrollar la idea de armar una red de arquitectos jóvenes que brindaran servicios y se abrieran a la sociedad. Que tuvieran cabezas abiertas compartiendo desde información sobre concursos hasta piques de normativas, constructoras y demás.

¿La Cámara de Diseño les sirvió como inspiración, considerando como les ha rendido la negociación colectiva?
No estábamos tan familiarizados pero cuando empezamos a investigar y a desarrollar el proyecto, lo descubrimos y fueron y siguen siendo una gran referencia. Creo que la Cámara de Diseño tiene unos 200 afiliados, pero a nivel de diseño industrial son muy activos, se juntan, van a exposiciones y tienen resultados tangibles.

¿Cuándo se materializa el proyecto de crear Yafu como red de arquitectos?
El proyecto piloto surgió en 2015 con otro nombre, y un año después se lo propuse a Marcelo Staricco, Carolina Tobler y Andrés Cotignola para por fin darle difusión y lanzarlo. Corrimos la noticia, invitamos a una docena de estudios y formamos Yafu, una sigla que es en inglés y surge del libro “Young architects from Uruguay” con la idea de en un futuro vincularnos más a nivel global con otros colectivos. Nos gustó como suena, el nombre tiene algo medio charrúa. Podemos decir que Yafu tiene una doble función: por un lado, la interna de compartir la información con base de datos, piques, proveedores y precios; y por el otro, una veta comercial que es mostrarnos, hacernos visibles y difundir la producción de obras, proyectos de facultad, renders y soluciones concretas a necesidades de clientes. Una de las patas sólidas que tiene el proyecto es que está integrado por estudios con obras construidas, muchos con vínculos académicos. No es una condición pero sí una características que todos los yafus tenemos. Hoy somos: CST, Propio, 2219, Magnone-Piña, UR Arquitectos,MNDR, Reyno, OMM, RSF, MASS, Algorta-Pi, UR y HMOZ.

¿Qué condiciones hay que tener para formar parte de Yafu?
Un poco eso que hablábamos, la obra construida, que pueda aportar, que haya un interés a nivel proyectual, cierta experimentación… Yafu no se caracteriza por un estilo preestablecido sino por una sensibilidad compartida. Hay una búsqueda de exploración entre los proyectos que todos hacemos e intentamos aportar algo siempre.

Las generaciones nuevas tienen ese concepto de internacionalización impregnado donde la difusión forma parte esencial en la gestión. ¿Cómo lo manejan en este caso?
En principio, no hay posicionamiento específico a nivel internacional, sino más bien vincularnos con otros colectivos de jóvenes arquitectos del mundo. A nivel local, sí hay una competencia sana. La pata comercial de Yafu es que hay una plataforma web donde encontrar proyectos todos mezclados, sin aclarar a qué estudio pertenecen. Tenemos una especie de 4 o 5 pasos muy concretos, entonces si un cliente o una persona busca hacerse una casa o local comercial (por lo general obras chicas), se puede inspirar en ese tablero y si algo gusta hay un botón que dice “Pedir Yafu”. Es una forma lúdica y amigable que también intenta derribar ese mito de que el arquitecto es caro. Si bien somos estudios jóvenes, trabajamos desde segundo de facultad y hay una experiencia detrás, y uno de los temas recurrentes es que el profesional encarece la obra y no que aporta más, que las obras duran más y que el espacio queda con otro nivel y calidad.

¿Cómo es la dinámica luego de pedir un yafu?
Una vez que lo pedís, llenás el formulario con tus datos y nos llega a nosotros. Organizamos una primera reunión que no tiene costo y el yafu tiene la obligación de llamar a otro como forma de fomentar los recursos colaborativos, que no se quede en lo teórico sino llevarlo a la práctica. Creemos en eso de que uno más uno no es dos, es más de dos. Así, nos obligamos a salir del lugar cómodo de trabajar con nuestra estructura de estudio que ya conocemos.

Si bien hay cierta predominancia masculina en la grilla, hay forma de proyectar masculina y otra femenina? ¿O podés no darte cuenta si el proyecto es de un arquitecto o de una arquitecta?
Creo que no me daría cuenta, no sabría decirte si al ver la obra hay alguna diferencia. En cuanto al proceso de armado del proyecto tampoco, me parece que va en función de la personalidad y no del género. Es verdad que la arquitectura es machista, pero nosotros somos un colectivo de arquitectas y arquitectos. No hacemos diferenciación por el género, valoramos la obra y la cabeza profesional.

Cada estudio tiene su gestión de proyectos independientes y luego una plataforma en conjunto donde comparten aportes e información. ¿Qué tipo de actividades tienen?
Hay una serie de eventos Yafu, algunos más privados que otros, donde se intercambian cuestiones de honorarios, normativas, reclamos e interrogantes que nos hacemos a nivel interno y lo exponemos en una especie de mesa redonda. La idea es abrirlo al público y ya tuvimos una primera experiencia que constó de tres partes: primero, elegir un espacio público de alguna obra realizada por un yafu para que la gente conociera el espacio construido; segundo, una exposición donde los proveedores mostraron sus productos de construcción; y tercero, una especie de speak day con varias mesas en un mismo espacio, donde los yafus estaban a disposición de conversar con un potencial cliente, analizar planos, ver inspiraciones, etcétera.

¿Ese modelo lo tomaron de algún lado?
No, es un invento. Todo surge del trabajo en equipo. En este momento, estamos trabajando mucho con Marcos Villalba, un diseñador gráfico que vivió 15 años en Londres y se especializa en diseño y editorial para arquitectos. Como buen licenciado en Comunicación que es, aporta sus ideas y esto nació de él. Tenemos una mirada que va más allá del proveedor típico, que muchas veces no se logra en un proyecto tipo porque se llama a un arquitecto para hacer la obra y todo lo que es identidad, mobiliario y gráfica, queda a merced del cliente. No hay una cabeza integral y nosotros proponemos esta mirada mucho más global e integradora de los proyectos. No es el arquitecto que resuelve todo como a principios del siglo XX, sino que hay diseñadores gráficos, industriales, artistas que intervienen una pared…

Ya que hoy hablamos del colectivo de Diseño, ¿han pensado en instancias de presentación conjunta ya sea a nivel nacional o internacional?
Hay interés, la difusión fuerte se está empezando a dar ahora. Este proyecto es nuevo, eventualmente, se pensará una exposición más grande quizás con algún yafu de afuera. Nosotros estamos abiertos a todas las posibilidades que pueda haber para mostrarnos como colectivo. La SAU también se interesó de alguna manera aunque no tuvimos una reunión formal.

La actividad independiente requiere todas estas acciones de posicionamiento, diferenciación y visibilización de la obra propia, tareas que no se enseñan en Facultad, ¿no?
Si tal cual, de hecho es el gran reclamo que en lo personal yo le hago a la facultad. Hay toda una discusión de si el rol debería ser ese o está bien como está ahora. Sergio Barreto, profesor y amigo, siempre nos decía que lo importante no es enseñar a proyectar sino enseñar a pensar.

Contanos qué se viene para Yafu en el corto plazo.
Seguir dándole difusión, atender los pedidos yafus que vayan surgiendo, y por ahora, es un plan piloto que está en construcción constante. La idea es seguir sumando otros estudios a la plataforma, vamos a ir viendo cómo funciona con este grupo y en unos seis meses veremos de incorporar más.

Como podemos ver, la dinámica de Yafu es muy amigable, y a destacar es que en ese famoso tablero no se especifica el nombre del estudio, simplemente es una obra yafu que apuesta a esa esencia colaborativa tan fundamental en un grupo. Por delante se vienen reuniones, análisis de idea y diseño preliminar sin costo donde se evalúan los caminos posibles. Y es que la premisa de la que parten es que un proyecto de arquitectura debe tener una visión integral que aporte valor a la obra a partir de una investigación exhaustiva sobre la creciente oferta de servicios y productos de la construcción. En vez de haber un generalista hay una unión de varios especializados en distintas disciplinas. Cada uno con su área concreta de expertise, digamos -he aquí otra vez el espíritu colaborativo-. Así que sin importar si la necesidad es crear algún tipo de espacio nuevo de vivienda, oficina, comercio, o simplemente unas modificaciones,Yafu está aquí para resolver y proponer con responsabilidad y creatividad.

Desde Ministerio de Diseño estaremos atentos a los pasos que siguen, instancias de exposición y apertura al público en general. ¡Por más Yafus!

Fuente: Ministerio de Diseño / El Observador

2019-07-31T11:09:21-03:00julio 30, 2019|Categorías: Diseño uruguayo|Etiquetas: , , |