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Cuatro títulos de ilustradores uruguayos inauguran la colección Komorebi, del sello Lumen

En japonés, komorebi designa “la luz que se filtra a través de las hojas de los árboles”.

Esa sencilla experiencia, que no escapa a nadie de tan humilde, nos permite sumirnos en la atmósfera ilusoria de una buena sombra, en la que la luz pasa pero no. Esa palabra, con su precisión y delicadeza al significar, fue la que eligieron Luisina Ríos Panario y Clara Amengual para dar nombre a una colección de álbumes ilustrados bajo el sello Lumen, caracterizada por la calidad de la edición y porque se trata de libros cuyos autores son ilustradores. “Empezamos a trabajar la colección a principios de 2019. La idea surgió en respuesta a algunos originales que recibimos, que consideramos interesantes por sus propuestas narrativas y su valor artístico. Además, sentimos que hacía falta una colección nacional, entendida realmente como colección y proyectada a largo plazo, que pusiera el foco en los ilustradores como autores integrales de la obra. En Uruguay hay muchísimos de muy buen nivel. Komorebi está destinada al público general y a través de sus relatos busca llegar de forma transversal a distintas generaciones de lectores, no sólo a los niños. Este fue uno de los motivos por los que decidimos publicarla en el sello Lumen, que también tiene su línea de libros ilustrados. Hay una conexión con el nombre. En una definición simplificada, la palabra latina lumen hace referencia al flujo luminoso emitido por una fuente, y komorebi es una palabra japonesa, sin traducción al español, que da nombre a la luz del sol que se filtra y se proyecta entre las hojas de los árboles”, comentaron a la diaria las editoras.

Los primeros cuatro títulos son Frío en la playa, de Leandro Mangado; Miniatura, de Sabrina Pérez; Ama, de Claudia Prezioso, y En la noche, de Sebastián Santana Camargo. El rastreo en la génesis de estos álbumes permite situarlos en un contexto: la madurez de la ilustración editorial en Uruguay, que se convierte en terreno fértil para una propuesta como la de esta colección. Esto se vincula, por un lado, con incentivos de carácter institucional, como el Premio Nacional de Ilustración que el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) entrega desde 2008 y que se acompaña de visitas y talleres de ilustradores extranjeros de extensa trayectoria, con el fin de dar impulso a la producción de los profesionales uruguayos, para que el concurso exceda la mera presentación de trabajos. Por otro lado, es fundamental en el crecimiento de la ilustración en Uruguay la manera que estos profesionales encontraron de nuclearse en el colectivo Iluyos, en el que comparten trabajos, información, generan instancias de formación y dan cobijo al trabajo individual de cada uno. En ese marco, se ha hecho habitual la presencia de ilustradores de nuestro medio en eventos de prestigio como la Feria del Libro de Bolonia, así como la publicación del Catálogo de Ilustradores, que ha servido como carta de presentación en diversos sitios.

Desde lo más evidentemente material, como las tapas duras, hay en estos libros un cuidado particular en la edición e impresión, así como una fuerte apuesta a lo estético y a la definición de libro-álbum: aquel en que el texto es doble, ilustración y palabra, que van juntas y significan juntas. Se trata de cuatro libros muy distintos entre sí, y en esas diferencias también está la gracia de la cosa: son libros personales, que han recorrido caminos de elaboración extensos, que se han ido decantando y haciendo de a poco, a veces durante años.

Frío en la playa
“Un libro silencioso”, define Leandro Mangado el título de su autoría, una narración sin palabras, en la que las imágenes cuentan. Un día de playa en verano, aparece lo inesperado. El frío, pero no en el ambiente, sino en el cuerpo de un pingüino que aparece en la orilla y plantea un problema y muchas preguntas: ¿cómo llegó?, ¿qué le pasa?, ¿cómo ayudarlo? La solución termina recayendo en una niña: cucurucho en mano, tropieza y el helado cae sobre el pingüino que yace rodeado de un improvisado cuerpo de rescate adulto. El ave reacciona, con sorpresa e inesperada vitalidad. “Creo que no escuchamos lo suficiente a los niños, y muchas veces, producto de no tener los prejuicios que los adultos vamos construyendo a lo largo de nuestra vida y frente a nuestros fracasos, ellos están más despojados y tienen las respuestas más focalizadas y activas que los adultos. Quizá haya una lectura que vaya por ese lado y está buenísimo que así sea: da para reflexionar sobre cómo les damos la espalda. La niña aparece en soledad, fuera del grupo y prácticamente en su mundo, en otra escena”, comenta el autor.

No hay palabras, pero las imágenes hablan. Casi podemos escuchar los diálogos en medio del murmullo de las olas. Sobre la historia de este título, Mangado cuenta: “La posibilidad de publicar fue gracias al Premio de Ilustración del MEC: este fue mi proyecto en 2016; obtuve una mención, y el catálogo de ese año le dio cierta visibilidad y llegó a la mirada de Clara, quien me contactó con la editorial porque estaban interesados en la obra. Le mostré la maqueta que tenía armada y que luego viajó a Bolonia. Se dieron un montón de cosas en simultáneo que de alguna manera dispararon que a Clara y a Luisina se les ocurriera esta idea de armar una colección de ilustradores autores, en la que eso fuera el elemento unificador”. Y agrega, con respecto a su participación en el lanzamiento inaugural de Komorebi: “No sólo es una edición hermosa: es lo que todo el mundo querría para publicar. Es mi primer libro como autor integral y mi primer libro en general. El orgullo no es sólo por mi libro, sino porque es una colección súper cuidada y porque estoy rodeado de tres talentos increíbles”.

Miniatura
El libro de Sabrina Pérez también tiene una trayectoria extensa. “Empezó con un garabato que hice en una libreta, en 2016: una pareja de macacos encerrados en un frasco”, cuenta. Y ese garabato no paró de crecer y de transformarse, producto, también, de la movida intensa del colectivo de ilustradores: en 2017 la autora concurrió a un taller con el argentino José Sanabria, organizado por Iluyos, y ese ámbito fue el terreno propicio para este proyecto: “Fue un ejercicio en el que tenía que hacer que a esos personajes les sucedieran cosas, y lo primero que les podía suceder era salir del frasco; con el dibujo fui resolviendo cómo lo hacían y adónde irían”. Como los personajes de la historia, que recorren mundos posibles y extraños, en los que el tamaño y la luz u oscuridad son variables que acentúan o atenúan la ajenidad y la incomodidad, el libro en germen tuvo su propio viaje, junto con su autora: “En 2018 viajé por primera vez a la Feria de Bolonia. Estaba buscando cómo resolver el arte de la historia y esa muestra me dio la pauta de que quería ir por el camino de experimentar el dibujo a mano y el uso del negro para crear los escenarios. Luego fui dibujando los personajes de forma digital, fueron apareciendo mejor sus personalidades. En esta etapa de experimentación plástica surgieron las cinco imágenes de Miniatura que obtuvieron un lugar en la exposición de la Feria de Bolonia 2019 y en la Feria Internacional de Libros Infantiles de Shanghái del mismo año, y que en 2018 obtuvieron una mención en el Premio Nacional de Ilustración”.

Ama
El libro de Claudia Prezioso hace foco en “el instante preciso en que dos miradas se cruzan y enamoran” y la autora lo define como un libro sobre “una eternidad”. El tratamiento del tiempo y del color son protagonistas en esta historia pequeñita y universal, que no ahorra en expresividad y dice sobre el amor desde una perspectiva infantil, en el mejor sentido del término. “El tema es un megauniversal, pero estaba muy interesada en un tipo de ilustración desprejuiciada, expresiva, colorida, muy emocional, y esa historia y un garabato de uno de los personajes fueron la llave que abrió esa puerta y me posibilitó hacerlo. Si bien Ama habla de un instante de enamoramiento y de cómo el tiempo puede llegar a percibirse de distintas maneras según la situación, invita mucho a la imaginación, a la fantasía y, sobre todo, a la diversión. Es ese viaje en donde, a raíz de una mirada, un personaje comienza un vuelo ascendente, lleno de situaciones mágicas, para luego descender (de un modo un poquito más brusco, como una bajada a tierra) al mismo punto del que partió, para develar la postura del otro personaje ante la misma situación. Son dos posturas distintas, son personajes distintos (aunque físicamente similares), y mostrar esa diferencia de percepción y esa aceptación me pareció interesante”, cuenta la autora.

La obra, comenta Prezioso, “tiene un proceso de idas y vueltas de aproximadamente cuatro años: a raíz de un taller con un colega colombiano, Diego Sánchez (Dipacho), pude romper con prejuicios y animarme a proyectar mi voz como autora integral. Seguro que esa voz ya estaba creciendo en mí, porque recuerdo que ese verano las ilustraciones y el texto fluyeron casi como si hubiesen estado publicados en mi cabeza desde mucho antes”. Este proyecto también viajó a Bolonia, en 2019: “En el envío viajó Ama y sin duda plantó una semilla en Italia, donde estaba previsto publicarlo este año. El mismo día que firmaba contrato en Uruguay, la editora italiana me contactaba de mañana para publicarlo allá. Fue una coincidencia mágica”.

En la noche
El libro de Sebastián Santana pone el énfasis en la oscuridad de la noche y el destello de la luz. La belleza radica en el brillo del trazo sobre el fondo negro, y plantea una serie de escenas nocturnas, en una enumeración que concluye, precisamente, con la sorpresa del día. La historia de En la noche es larga y con varias etapas: “Los primeros apuntes que hice en forma de libro los encontré este año en la libreta donde tengo los primeros apuntes de Mañana viene mi tío y son de mayo de 2011. Por otra parte, tenía un dibujo que hice en un taller de grabado, con una imagen que dice ‘en la noche los árboles sueñan’, que tiene que ser de 2008. En los dos hay un golpe de efecto, un cambio abrupto en la narrativa en la última doble página. En 2013, cuando le mostré Mañana viene mi tío a [el ilustrador y editor argentino] Istvansch [para su primera publicación, en Libros del Eclipse], también le mostré En la noche. Me dijo que los textos estaban un poco flojos en cuanto a lo que podía volar la parte escrita en relación con las imágenes. Me quedé con ese comentario, me interesó”. “Cuando, a fines de 2018, se lo mandé a Clara, le dije que me dejara pensar en los textos: el asunto era reescribirlo sin romper la línea que traía. Ese ejercicio de reescritura me hizo mucho bien para poder mirar una obra que tenía unos años guardada, y aunque me acordaba de ella, tenía un pulso que me llamaba”, agrega.

Santana comenta sobre la colección: “El tamaño es hermoso; el papel es excelente, para libros de arte; tiene ese acabado mate pero tiene un muy buen punto de impresión. El mío era complicado, por las cargas de tinta, pero quedó impecable. Es un privilegio poder estar en esta colección y bajo este sello. Ojalá esto mueva las ganas de hacer de los colegas. Me animaría a decir que todos los que están en actividad tienen alguna narración estructurada en alguna carpeta. Es cuestión de que esto siga”. La editorial se propone continuar con la colección, a razón de dos títulos por año, manteniendo a rajatabla el criterio de que sean obras de ilustradores autores. El deseo, entonces, es que sea mucha la luz que se cuele entre las hojas del árbol.

Fuente: La Diaria