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Un espejo más honesto: la moda uruguaya apuesta a la diversidad

Marcas y diseñadores buscan salir de los exigentes cánones de belleza y se acoplan al espíritu de la época y optan por poner en sus pasarelas y campañas una mayor pluralidad de rostros, cuerpos y edades

La brevísima línea de tiempo podría empezar en 2014. En algún punto de ese año, los responsables de la plataforma estadounidense especializada en temas de moda The Fashion Spot decidieron empezar a medir la diversidad de raza en las pasarelas, sobre todo, de las grandes capitales de la moda (Nueva York, París, Milán y Londres). Un año después, en setiembre de 2015, midieron diversidad en términos de edad, género y talle. También evalúan lo mismo en las revistas de moda y estilo de vida de mayor proyección internacional desde 2014 hasta la fecha.

Son pocos años, pero son significativos. Y los resultados muestran lo que siempre se supo. La moda era (todavía lo es en buena medida) cosa de blancos. Modelos y mujeres vinculadas a la industria (sí, la moda también siempre fue esencialmente tema del género femenino) se vieron durante décadas y décadas así: hermosas, estilizadas, gráciles, etéreas, irreales. Ya sabemos de memoria cuáles son los cánones de belleza preponderantes del universo de la moda y de la publicidad; ya sabemos, también, que a principios del siglo XXI el asunto se puso todavía más exigente. Aparecieron las Gisele Bündchen, Heidi Klum, Adriana Lima, Rosie Huntington-Whiteley, Karlie Kloss, Doutzen Kroes. Facturan millones, son fotografiadas una y otra vez en cuanta campaña de producto de cuidado personal y de nueva colección de moda hay, crecen en las listas de modelos mejor pagas, se apoderan del concepto de atractivo universal, se convierten en la aspiración de cientos de miles de mujeres que jamás podrán alcanzarlas.

Hasta que, de pronto, algo empieza a cambiar. Y la transformación no debería ser valorada como una moda más, como un ítem de tantos otros en una lista de reporte de tendencias de una agencia que las estudia para después pasar el informe.

En 2016, cuando los vientos de transformación se empezaban a sentir con potencia, Oliver Rousteing –director creativo de la casa francesa Balmain desde 2009 cuando tenía 25 años– dijo, palabras más, palabras menos, que no se puede construir una marca global sin abrazar un casting de modelos igual de global. Tres años antes, en 2013, por primera vez un desfile de alta costura de Dior contó con seis modelos negras. También en esa misma fecha y después de 13 años, Prada volvió a poner una mujer afro en una de sus publicidades; la elegida fue Malaika Firth, la anterior había sido Naomi Campbell. En 2014, la modelo serbia transgénero Andreja Pejic hizo su debut en una pasarela de mujer durante la semana de la moda de Londres. En 2015, Céline eligió a Joan Didion, de 80 años, para su campaña de lentes.

En 2016, cuando los vientos de transformación se empezaban a sentir con potencia, Oliver Rousteing –director creativo de la casa francesa Balmain desde 2009 cuando tenía 25 años– dijo, palabras más, palabras menos, que no se puede construir una marca global sin abrazar un casting de modelos igual de global. Tres años antes, en 2013, por primera vez un desfile de alta costura de Dior contó con seis modelos negras. También en esa misma fecha y después de 13 años, Prada volvió a poner una mujer afro en una de sus publicidades; la elegida fue Malaika Firth, la anterior había sido Naomi Campbell. En 2014, la modelo serbia transgénero Andreja Pejic hizo su debut en una pasarela de mujer durante la semana de la moda de Londres. En 2015, Céline eligió a Joan Didion, de 80 años, para su campaña de lentes.

Amelia Diamond –en ese entonces responsable creativa de la web Man Repeller– escribió a fines de 2016 un texto a apropósito del crecimiento de una mayor amplitud de rostros, razas, cuerpos y edades en las tapas de revista las siguientes líneas: “La diversidad no es una tendencia, es una realidad global y esto es una industria global. Lectores, compradores, fanáticos y seguidores, todos quieren verse reflejados –en las portadas, dentro de las revistas, en las pasarelas, en blogs. En términos de representatividad, el cambio está sucediendo”.

A fines de 2018, después de que se supiera que la pasarela que presentó las colecciones 2019 fue la más diversa de la historia en términos raciales, la editora de las páginas de moda de The New York Times Vanessa Friedman le dedicó una extensa reflexión al asunto. Su conclusión fue que, más allá del evidente aumento de modelos y celebridades que representan la diversidad en campañas o en la pasarela, la situación en las primeras filas y en el detrás de escena no parece haber cambiado demasiado. De hecho, salvo por casos muy excepcionales como el propio Rousteing o Virgil Abloh, como director creativo de la división hombres de Louis Vuitton, los que toman las decisiones en las grandes casas de moda y lujo están muy lejos de entrar en la cuota de la heterogeneidad de raza.

La diversidad, entonces, no alcanza. En un estudio realizado por el Council of Fashion Designers of America (CFDA) en colaboración con la corporación dueña de Calvin Klein y Tommy Hilfiger y publicado en enero. La investigación enuncia lo que sabe Friedman: los cargos de decisión y de poder quedan en manos de una minoría blanca. “Sin inclusión la diversidad no es efectiva”, establece el informe. Entrevistado por la web especializada Business of Fashion Steven Kolb, CEO de CFDA dijo que no se puede obligar a las empresas a cambiar, pero lo que sí pueden hacer como institución es lograr generar una conversación para que “la industria escuche y participe”.

Uruguay un poco más diverso
De este lado del mundo, la discusión está presente hace rato. Las marcas y diseñadores –sobre todo los más preocupados o los que observan con más detenimiento lo que sucede en el norte– han incorporado tímidamente modelos que representan este mundo y esta era más abierta, heterogénea y cercana a la realidad.

Por estas semanas, con motivo de una nueva edición de Moweek y de una nueva temporada otoño invierno, Montevideo fue escenario de un puñado de desfiles. De pronto las pasarelas dejaron de ser ese espacio donde una, dos, diez, doce mujeres jovencísimas, valoradas universalmente como bellas y evidentemente blancas caminaban con languidez.

Sucedió en Rotunda, sucedió en la presentación de la firma brasileña Renner esta semana y la estilista Rosario San Juan anticipa que así va a seguir sucediendo. “Las marcas ya no quieren más modelos baby face como pasaba hace unos años. Quieren modelos con actitud, que sepan caminar, que no sean esqueléticas. La rubia típica no se usa más. Este es el año de la vuelta de Romina Peppers (di Bartolomeo)”, dice.

La diversidad de raza, género y edad se empezó a ver, primero, en las campañas. Valentina de Llano, por ejemplo, llamó a Morena Ferreira, modelo trans, para su campaña de hace unos años atrás.

Srta. Peel hizo en 2017 una serie de fotos con tres mujeres afro. Bamba y Rotunda incorporaron modelos con cuerpos reales en varias oportunidades.

Lo mismo hizo Manos del Uruguay para su serie de fotos del aniversario número 50 (ver recuadro). Este año Savia decidió seguir la misma línea y fotografió a dos mujeres mayores de 50. Helena Betolaza lo explica así: “No tiene sentido poner modelos muy jóvenes cuando muchas de tus clientas son mujeres adultas”.

La moda, se ha dicho mil veces, es un reflejo de la sociedad. Pero también es un espejo donde queremos vernos reflejados con una imagen honesta de nosotros mismos.

Un mensaje más amplio
Escribe Natalia Jinchuk – creadora y editora de Mirada Couture

La moda –llamémosle así al paradigma imperante durante el siglo pasado y hasta hace pocos años– tiene muchos debes. Bajo la nueva agenda, sin embargo, aquellos aspectos “intocables” son cuestionados: la necesidad de sustentabilidad se impone ante las malas prácticas laborales y medioambientales; pululan las denuncias de maltrato en el mundo de modelos, fotógrafos y afines y se cuestiona la delgadez extrema en pos de cuerpos más saludables.

La ausencia de diversidad en las pasarelas y las campañas es otro reclamo que viene militando desde hace por lo menos dos décadas y que parece haber hecho finalmente mella en quienes dictaminan qué se usa. Ya sea por convicción o por corrección política, comenzaron a verse con mayor frecuencia rostros afro, asiáticos, con “imperfecciones” (¿recuerdan a Winnie Harlow?) y/o de edades mucho más elevadas que las usuales.

La “influencia” en redes tuvo mucho que ver con este desarrollo, porque claramente lo que impera hoy es la personalidad. El aspecto importa aun y continuamos decodificando la belleza con criterios muy similares, pero todo aquello que viene con la persona y lo que ésta transmite hoy tiene igual o mayor peso a la hora de definirse como modelo. En las últimas campañas que tuvimos que hacer –las dos de Manos+Couture, la de #NuevasReglas con Rotunda y la de los 50 años de Manos del Uruguay– priorizamos elegir personas que representaran el mensaje y espíritu de la marca y/o colección, más allá de su talle o edad. Implica un desafío extra –después de todo, las modelos son profesionales en la tarea de posar y lo hacen muy bien– pero el mensaje de amplitud lo vale todo.

La diversidad cuantificada
38,8 % de las modelos que desfilaron en las pasarelas de Nueva York, Milán, Londres y París a principio de este año eran no blancas.
281 de las más de 700 tapas de revistas evaluadas por The Fashion Spot en 2018 tenían como imagen de portada a una persona no caucásica.

Fuente: El Observador

2019-04-29T16:41:31-03:00abril 29, 2019|Categorías: Economía, Innovación, Moda uruguaya, Moda uruguaya|Etiquetas: , , , , |