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Un uruguayo dedicado a la teoría económica, entre los economistas destacados en Estados Unidos

En los últimos 10-15 años ha crecido mucho la cantidad de profesionales haciendo investigación económica en Uruguay.

La pasada semana, un uruguayo fue designado fellow (miembro) de la Sociedad Econométrica de EE.UU., la principal sociedad mundial en Economía. Federico Echenique, egresado de UdelaR, doctorado en Berkeley, hoy desarrolla su labor profesional en California Institute of Technology. El académico explicó las fortalezas y aplicabilidad de su trabajo en materia de teoría económica, comentó sus más recientes desarrollos en ese terreno y opinó a propósito de la formación de economistas en el país. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Qué significa ser parte de la Sociedad Econométrica?

—Un lindo reconocimiento a la trayectoria académica y la dedicación, de parte de los colegas que integran la sociedad. Todos los años se elige un grupo de profesionales a los que se les realiza este reconocimiento y este año consideraron que me lo merecía. No significa nada material nuevo en lo personal, pero sí la alegría de la distinción, que impulsa a seguir trabajando.

—¿Cómo describiría su labor académica?

—La mayor parte del tiempo me dedico a los modelos más básicos del comportamiento de la gente y los mercados. En economía hay una serie de preguntas muy clásicas que tienen que ver con la asignación de recursos, un tema tan antiguo como la economía misma. Muchos investigadores trabajan en esos temas en el mundo y a mí, es un terreno que me interesa mucho. También me interesa la conexión entre la teoría y los datos; los economistas proponen modelos y formas de entender los fenómenos económicos que son teóricos, tienen componentes que no se pueden observar. En mi caso particularmente me interesa conectar “lo que se puede observar” con lo que presentan los modelos teóricos.

—¿Cuáles son las consecuencias observables de que la gente se comporte como dice determina teoría económica?

—Es uno de los ejes sobre los cuales trabajo. Por ejemplo, podemos escribir un modelo de comportamiento que supone que la gente asocia el consumo de ciertas cosas. Es decir, siempre que consumo un tipo de bien, me induce a consumir más de otro bien. Esos modelos uno piensa que tiene consecuencias claras en cuanto a datos, sin embargo, no las tiene, no hay forma de testearlo a partir de los datos que normalmente se usan. Por tanto, mi trabajo apunta a tratar de entender que tipos de datos nos posibilitarían testear y validar esos modelos. Y si existen esos datos, entender si ese modelo tiene validez empírica o no.

—Y a partir de ese modelo, ¿poder predecir comportamientos?

—Sí, los diferentes componentes en este caso son testeo, estimación y predicción. Lo más básico es saber si los datos no contradicen el modelo. La segunda pregunta es saber si uno puede identificar los aspectos no observables del modelo a partir de los datos; lo tercero, saber si el modelo se puede utilizar para predecir. Mi trabajo generalmente se enfoca en el primer aspecto, el testeo.

—¿Cuál es el nivel de aplicabilidad de su trabajo, más allá del mundo puramente académico?

—La parte del testeo es un ejercicio puramente académico, tiene que ver con los modelos que otros economistas desarrollan. Me interesa estudiarlos, entenderlos y saber qué conexión tiene con los datos.
La otra línea de trabajo que mencioné antes, que tiene que ver con la asignación de recursos, tiene muchas más aplicaciones de política. De hecho, en los últimos años, desarrollé una línea de trabajo más práctico…

—¿Por ejemplo?

—Rediseñamos en Pasadena, la zona de Los Ángeles donde queda la Universidad (California Institute of Technology), un algoritmo para asignar los niños en las escuelas públicas. Es un problema clásico de asignación de recursos; los niños y sus padres tienen preferencias por las escuelas a las que le gustaría ir, las escuelas tienen recursos limitados y ciertas prioridades sobre qué alumnos les gustaría tener. Nosotros estudiamos esa situación y diseñamos un algoritmo que fue implementado en las escuelas.

—¿Qué permitió?, ¿mayor eficiencia?

—Varias cosas. Una es precisamente la eficiencia de la asignación de recursos, por otro lado, el sistema que usaban antes generaba como un juego complicado entre niños, padres y las escuelas. Podría irle, a los actores involucrados peor o mejor, depende cuán hábil fueran jugando ese juego. El algoritmo evita esas situaciones. Tuvimos una muy buena recepción, fue implementado por las escuelas y ahora tenemos datos para hacer la evaluación. Ese es un ejemplo claro de cuestiones más prácticas en las que trabajamos.

—¿Los servicios públicos son un buen campo para trabajar en esa línea de investigación?

—Es así. Estamos ahora con otro trabajo, vinculado con los sistemas de donación de órganos. En EE.UU., la donación de órganos de donantes cadavéricos responde a un sistema regional. EL mayor de todos está en el Sur de California, y desde allí nos contactaron para trabajar en este tema. Parecería que no es un asunto para economistas, pero en realidad es una cuestión bien clásica de asignación de recursos, donde hay pacientes que necesitan recursos que son limitados —los órganos— que tiene preferencias sobre los órganos debido a las compatibilidades fisiológicas en cada caso. Hay limitantes para trabajar, porque en está área, como en las escuelas, no podemos resolver los problemas que encontramos con un mercado. Si nos dejaran, con un mercado lo resolveríamos. Pero la sociedad se resiste, hay un sentimiento muy fuerte de que no se pueden comprar y vender órganos, por tanto, debemos procurar alcanzar algunos de los beneficios que se generarían si hubiera un mercado, pero con una solución centralizada. En ese diseño estamos trabajando ahora.

—¿Cuánto se usan este tipo de modelos en la actualidad, buscando mayor eficiencia en servicios públicos?

—Se usan muchísimo. A mí me interesa especialmente cuando hay alguna dificultad, como en los casos que nombré antes. Hay otros ejemplos donde el interés viene por otro lado. Hay mercados laborales que a veces, intentan solucionar problemas de demandas mínimas. Pensemos en los servicios laborales que se ofrecen en un hospital. La necesidad de tener una presencia de profesionales mínima asegurada, por ejemplo, en hospitales en la zona rural. La pregunta es cómo intervenir para asegurar, en ese mercado laboral, una presencia mínima en esos hospitales. Japón es uno de los casos más estudiados en este tema específico, pero se ha utilizado muchas veces en distintos lugares.

—¿Hasta dónde la política pública recurre a este tipo de herramientas de la economía?

—Yo diría que hay un importante desarrollo de la aplicación de este tipo de trabajos, pero cada uno presenta sus propias dificultades. No es cuestión de replicar un modelo en un lugar y otro de la misma forma, y no siempre se reconocen los beneficios de utilizar estas herramientas.
Uno de los casos más conocidos en EE.UU. fue el de la venta del espectro radioeléctrico cuando surgieron las compañías de telefonía celular en la década de los ´90. Allí apareció la necesidad de vender frecuencias para el uso del espectro radioeléctrico por parte de estas compañías. El Estado tiene los derechos de propiedad sobre las frecuencias y el problema era cómo licitar con esas empresas de forma de maximizar los beneficios para el Estado. La solución a la que se llegó fue muy exitosa, las licencias se vendieron muy bien, generando una recaudación notoriamente por encima de la esperada. El diseño teórico fue muy bueno, con una validación previa en laboratorio, con mercados artificiales, y así se llegó a esta solución, que fue muy buena. Tanto que luego se utilizó en otros países ante una situación similar. Ese es un claro ejemplo.

—¿Y su aplicabilidad en el sector privado?

—También existe. Las compañías de Internet que comenzaron a vender anuncios publicitarios, al comienzo probaron distintos diseños que no anduvieron del todo bien. Finalmente, unos colegas les propusieron organizar el mercado con este tipo de trabajos de modelización y fue lo que le permitió recaudar más a estas empresas. Lo que se diseñó fue una subasta, basada en el principio del “segundo precio”, es algo que se ha estudiado mucho en economía y se próxima bastante a la mejor forma de maximizar el ingreso.

—Da la sensación de que la economía en las últimas décadas ha ganado mucho en sofisticación desde el punto de vista matemático; de alguna manera, ¿esto puede hacer perder relevancia práctica a problemas más difícilmente modelables?

—No percibo que haya una tensión entre esas miradas. Hay cosas que son más difíciles otras de modelar, pero yo no le veo ninguna desventaja a la matemática con mayor presencia en la economía. Claro que hay son cosas muy difíciles de captar con los modelos. Pero eso no invalida el mayor uso de las matemáticas.

—¿En Uruguay, podría explotarse más ese tipo de investigación?

—Sin dudas que podría hacerse bastante más. Algo de eso hemos intentado; con el economista Juan Pereira y un estudiante, tratamos de ver el mecanismo de asignación de estudiantes de la educación pública en Uruguay. Hay un proyecto que estamos comenzando, tratando de entender cómo funciona el sistema. El problema es que en Uruguay cuesta obtener la información en el sector público, intentamos avanzar en ese trabajo.

—¿En el país hay formación importante en estas líneas de trabajo teórico?

—No es que haya tantos haciendo teoría económica como yo, lo hacen economistas como Juan Dubra o Juan Pereira. La mayoría de la gente trabaja en cosas empíricas, que creo que es lo correcto. La economía es una ciencia empírica y tiene sentido que la mayoría de los profesionales estén haciendo eso.

Dicho esto, es impresionante en Uruguay en los últimos 10—15 años es la cantidad de gente que está haciendo investigación. Me gusta mucho encontrare con eso cada vez que vuelvo y notar que las diferencias no son tantas, como las que había cuando yo me fui. Muchos muchachos jóvenes haciendo investigación y en cada encuentro de la Sociedad Uruguay de Economistas me encuentro con gratas sorpresas.

—Usted ha trabajado mucho en esa línea, en cuanto al apoyo para que esos profesionales tengan acceso a seguir estudiando en el exterior…

—Hago lo posible por ayudarles, me motiva mucho pensar en qué cosas se pueden hacer desde acá (EE.UU.) para abrirles un camino. Muchos estudiantes de licenciaturas que están pensando en hacer postgrados y doctorados, es importante para el país que se les respalde.
Y a quienes les interesa buscar sus oportunidades afuera, puede encontrarlas. La formación en Uruguay es buena, hay muchos que están en condiciones de insertarse fuera del país y seguir con su formación.

—¿Qué aspectos de la formación académica local en el área económica encuentra que sería importante reconsiderar?

—En lo personal, me gustaría que hubiese más cargos que se pudieran dedicar full time a la investigación en los departamentos de economía de todas las universidades; pero eso es un tema de recursos, y no estoy seguro que la prioridad del país deba ser tener departamentos de economía más grandes.

Fuente: El País

2020-09-28T16:19:09-03:00septiembre 28, 2020|Categorías: Economía|