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Uruguay comienza a vivir la tercera semana de distanciamiento social para frenar el avance del COVID19

Con la mirada puesta en quienes más lo necesitan, se multiplican las acciones solidarias, en tanto el talento y la creatividad ganan terreno

Desde que el pasado viernes 13 de marzo el gobierno confirmó el primer caso comprobado de coronavirus y llamó a la sociedad a guardar un aislamiento voluntario se han modificado los hábitos de casi 3,5 millones de habitantes, y el resultado a esta altura se podría decir que es bastante exitoso: la presencia del virus se siente pero las cifras de contagiados es relativamente baja, las posibilidades de realizar mayor cantidad de exámenes de detección aumentan con el correr de los días, y la curva de crecimiento de infectados comienza a aplanarse, en tanto lamentablemente el sábado 28 se anunció la primera muerte por coronavirus.

El comienzo de la crisis por el COVID19 llevó al gobierno a marcar reglas claras, de ahí que los trabajadores que pueden hacerlo trabajan desde su casa, los estudiantes reciben clases a distancia y la población en general asumió la necesidad de guardar cuarentena, más allá de algunos casos aislados. Parecería que entendimos la importancia de mantener las guardias de los hospitales y centros de atención médica despejados y prontos para recibir a los pacientes más graves. Podría decirse que los uruguayos vimos las consecuencias que viven los países del Norte que no tomaron los suficientes recaudos y asumimos la necesidad de cuidarnos.

Todos estos cambios impactan fuerte por el sinnúmero de actividades canceladas -no hay fútbol en un país tan futbolero que el fin de semana la TV pasó el partido que Uruguay ganó frente a Ghana en el Mundial de 2010 y muchos volvieron a celebrar el gol del Loco Abreu; se suspendieron todas las actividades y espectáculos públicos y las calles están vacías-.

Pero en estas calles desiertas y los comercios cerrados se vislumbra la crisis económica y financiera que implica esta crisis, fundamentalmente para los más necesitados.

Para intentar dar respuestas y apoyo ante esta situación inédita para el país han surgido iniciativas de las más diversas: los estudiantes de medicina junto a los médicos desarrollaron test a nivel local para hacer más diagnósticos diarios y a menor costo, y también se jugaron a fabricar respiradores utilizando materiales reciclados de diferentes orígenes. Hay montones de colectivos de toda índole haciendo tapabocas porque ya no quedaban en el mercado y son necesarios para el personal de salud. Hay hoteles y clubes en donde se están instalando de forma gratuita camas y espacios para aquellas personas sin hogar y los supermercados establecieron horarios especiales para que concurra los adultos mayores que son los más vulnerables.

El gobierno anunció subsidios para quienes quedaron sin trabajo y la entrega de canastas de alimentación básicas. Los médicos y el personal de salud visitan a los pacientes a domicilio para que no tengan que salir a la calle. Esta actitud solidaria por parte de los equipos médicos generó la primera de las reacciones colectivas: a las 9 de la noche la gente desde sus balcones aplaude a todo el personal de salud como una forma de agradecer la valentía de permanecer en la primera línea de combate.

Las instituciones médicas públicas y privadas también ampliaron sus camas en CTI. Las personas en los diferentes departamentos se organizan para acercar comida al personal médico y se arman ollas populares para quienes las necesiten, además de que escuelas y merenderos entregan viandas para los niños y canastas para los adultos que las reclamen. Y por supuesto, los artistas, museos, teatros y organizaciones culturales, han abierto sus obras y acervos para que lleguen a todos a través de Internet.

El gobierno se puso la batalla al hombro anunciando casi a diario nuevas medidas. Una de las últimas fue que para dar muestras de solidaridad contundentes, todas las personas que ocupan cargos electivos o de confianza política donarán parte de sus ingresos, así como todos los funcionarios públicos -con excepción de quienes trabajan en la Salud-, que perciben un salario superior a los $80.000 (alrededor de USD1800).

Al igual que buena parte del mundo Uruguay está dando la pelea al COVID19 convencido de que de esta crisis debemos salir todos juntos. Por el momento la consigna sigue siendo quedarse en casa y cuidar a los más necesitados como se pueda. Para un país con gente acostumbrada a buscarle la vuelta a las cosas, este desafío represente una enorme ventana de oportunidades.

Fuente: Marca País

2020-03-31T17:08:52-03:00marzo 30, 2020|Categorías: Sociedad|