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Cinemateca Uruguaya cumple un año en casa nueva: sin pop y con 10.000 personas por mes

Una charla con María José Santacreu, la coordinadora de Cinemateca y los cambios que trajo este primer año de la nueva sede y que hoy se celebra con cine y música

Es un lunes a las cuatro de la tarde y en el hall de Cinemateca Uruguaya, un grupo interesante de personas esperan ver una película. Es un cambio importante y una evidencia de que desde que se inauguró el nuevo edificio en la sede de la Comisión Andina de Fomento, hace exactamente un año, la Cinemateca ha, literalmente, revivido.

“Cuando empezamos acá, no teníamos la dimensión de lo que iba a pasar e íbamos a hacer en un año”, dice Santacreu. “La cantidad de gente que iba a circular; que se iba a volver a generar aquello tan clásico, de encontrarte con gente y comentar las películas que viste o recomendar la menos obvia. Eso sí que no lo calculamos”.

De acuerdo a estimaciones de la propia institución, por esta nueva Cinemateca pasan unas 10.000 personas por mes, que es “tres o cuatro” veces más que lo que solía suceder en la vieja Cinemateca. Además ha cambiado el perfil: “antes era un grupo pequeño de socios que venía todos los días y ahora se amplió a un montón de gente que quizás viene menos pero que es mucho más. Cambió toda la dinámica”.

Y además, dice Santacreu, se triplicó la cantidad de socios. “Hubo una especie de operación retorno de gente que había sido socia y se había alejado de la institución porque, por ejemplo, le resultaban incómodas las salas”.

Cinemateca Uruguaya ocupa ese edificio en calidad de comodato de la Intendencia de Montevideo. Son tres salas con capacidad para 420 espectadores y tecnología de última generación.

Las salas se inauguraron con el estreno de Roma, la oscarizada película de Alfonso Cuarón, que, producida por Netflix, iba a estar unas pocas semanas y se mantuvo, con éxito de público, durante más de un mes.

El acuerdo con Netflix, además, se extendió este año con el estreno de El irlandés de Martin Scorsese y Los dos Papas de Fernando Meirelles. Las dos están en cartel y son serias candidatas en varias categorías del Oscar. “No lo podríamos haber hecho, eso está claro, en las salas viejas”, dice la coordinadora.

En la inauguración, además, se exhibió un ciclo a propósito del centenario del nacimiento del sueco Ingmar Bergman.

También hubo funciones especiales que demostraron el renovado poder de convocatoria de la institución. Así, se celebraron los 25 años de Pulp Fictioncon concurso de disfraces y los 20 años de El gran Lebowski con “ruso blanco”, el trago favorito de “The Dude”, incluido. A su vez se reestrenó 25 Watts en copia 35 mm, lo que fue uno de los eventos del año. También se pasó en copia fílmica Woodstock, para recordar los 30 años del festival.

“Todas esas funciones se llenaron”, dice Santacreu, quien destaca que, además, se exhibió todo el cine uruguayo.
Además estrenaron películas “comerciales” como Dumbo de Tim Burton, Dolor y gloria de Pedro Almodovar y Había una vez… en Hollywood de Tarantino, junto con algunas repletas de elogios internacionales pero que cada vez tienen menos lugar en las exhibiciones comerciales. En ese sentido, Cinemateca estrenó Un elefante sentado y quieto del chino Hu Bo, El árbol de peras silvestres del turco Nuri Bilge Ceylan; El libro de imágenes, la última de Jean Luc Godard, o las 14 horas de La flor de Mariano Llinás.

“Hubo un equilibrio entre las películas que se pueden ver en otras salas, pero a la vez seguimos cumpliendo la función de difundir un cine que no es tan habitual”, dice Santacreu, quien considera una de las mejores que estrenó este año Al otro lado de todo, de la serbia Mila Turajli.

—¿Extraña algo de las salas viejas?
—No extraño los problemas, porque sería masoquista. Lo que no quiero es olvidarme de todo lo que pasó ahí. Se extraña aquella épica de la vieja Cinemateca, de Manuel Martínez Carril y en la que uno se educó cinematográficamente.

—Uno de los problemas crónicos de Cinemateca era la ecuación económica. ¿Cómo está eso ahora?
—Aún no tenemos un equilibrio franco que nos permita grandes proyectos. Venimos de una situación con pasivos grandes que estamos tratando de honrar y el archivo fílmico aún es deficitario. Los equilibrios son precarios: se precisa ayuda para mantener los archivos funcionando y el mantenimiento de la sala no está subvencionado. Y todo sin vender pop, por ejemplo, que es gran parte de las ganancias que tiene el circuito comercial. Nosotros no lo hacemos, ni lo vamos a hacer: es nuestro diferencial.

—¿Cuál es el mejor momento personal de este primer año?
—El mejor momento de este año, para mí, es todos los días cuando salgo de la oficina y veo toda la gente acá. De repente hay 150 personas, charlando, subiendo, bajando, tomando un café. Es como cuando Alicia atraviesa el espejo: una maravilla.

FIESTA
Un cumpleaños con bautizo incluido
Hoy, a las 20.00, Cinemateca Uruguaya celebra este primer año. “La idea es marcar este año lleno de cosas”, dice María José Santacreu. En la ocasión, además, se le pondrá nombres a las salas. Una se va a llamar Walther Dassori, que fue el fundador de Cinemateca; otra Manuel Martínez Carril, “el director que nos trajo hasta aquí y el director histórico”; y la otra se va a llamar Sala de los Socios, “el soporte que siempre tuvo la Cinemateca que fue lo que hizo que esta sala se hiciera realidad”, dice Santacreu. Además se estrena Varda por Agnes, la última de Agnes Varda que irá gratis para los socios, y hoy a la noche habrá música desde vinilos y en vivo. “Vamos a brindar por la larga vida de la Cinemateca”.

Fuente: El País

2019-12-12T17:15:34-03:00diciembre 12, 2019|Categorías: Cultura|Etiquetas: |