fbpx

El pasto gigante o acero vegetal que se expande en Uruguay

De a poco, el mito que señala a las cañas de bambú como una maleza queda de lado; entre varios beneficios destacan los medioambientales y los de protección

Poco a poco, el bambú se desmitifica: deja de ser considerado como una planta invasora y por un sinfín de beneficios medioambientales las plantaciones crecen a buen ritmo en Uruguay. Además, los productores comenzaron valorar sus virtudes y a incluirlos en sus sistemas como medios complementarios a otras producciones.

El bambú pertenece a una de las familias más grandes de plantas, que son las gramíneas (como el trigo, la cebada, el maíz, el pasto y/o la gramilla).
“El bambú es una gramínea gigante. Dentro de la gran familia está una de las subfamilias más primitivas que son las Bambusoideas. A su vez, dentro de las bambusoideas existen bambúes herbáceos y bambúes leñosos, siendo estos últimos los que dan las cañas lignificadas de mediano y gran porte”, explicó a El Observador Gabriel Arenares, director de Bambú del Este, un vivero especializado en plantas de bambú.

Arenares, junto a su socio José Burlando, comentaron que tras la necesidad de materia prima para materializar los usos del bambú, surgió el interés de hacer foco en el primer eslabón de la cadena: la producción y comercialización de plantas de bambú, así como también en el asesoramiento técnico y ejecución de proyectos.

Los jóvenes trabajan realizando manejo sustentable de tacuarales ya existentes, lo cual consiste en manejar la población de cañas apuntando a aumentar la regeneración y la productividad, y así rentabilizar ese recurso generalmente olvidado que hay en muchos campos y chacras del país. En complemento a los sistemas de producción tradicionales, trabajan en el diseño y planificación de cortinas rompevientos, abrigo para vacunos y lanares, fitorremediación de aguas y suelos en tambos, donde la planta de bambú cumple un rol ecosistémico, funcional, y al mismo tiempo produce cañas para utilizarlas en distintas áreas, asociado a cierta rentabilidad económica, planteando un modelo basado en el triple impacto: económico, social y medioambiental.

Tacuara o tacuruzú
Bambú es un término asiático, indicaron los especialistas. En Uruguay lo conocemos como tacuara que significa caña en guaraní. El bambú es un término utilizado para hacer referencia a uno de los grupos más grandes de plantas del mundo. Hay más de 1.500 especies distribuidas desde latitudes frías, como el norte de Japón o el sur de Chile, hasta el trópico.

América tiene un tercio de la biodiversidad de bambúes del mundo, y Uruguay cuenta con cinco especies nativas, una de ellas es la Guadua Chachoensis conocida por su nombre en guaraní “Tacuruzú”: un bambú gigante y se encuentra de forma natural en Artigas.

El país tiene condiciones agroclimáticas ideales para el desarrollo de muchas especies de bambú, con alto potencial en el sector de la madera, la energía, el alimento, y con potencial exportador de materiales de calidad.

Aunque se desconoce la cantidad de hectáreas que hay del recurso en Uruguay, se sabe que las nativas están concentradas en zonas puntuales, pero que las naturalizadas están en todos los departamentos, sobre todo en zonas suburbanas asociadas a las quintas y predios familiares. Las especies naturalizadas son aquellas que fueron introducidas al país y ahora se han adaptado con mucho éxito, como las tacuaras.

“Para esta primavera tenemos confirmado algunos productores que van a hacer plantaciones productivas, en su mayoría con fines maderables y producción de brotes comestibles. Siempre tratamos de que cada propuesta productiva esté asociada a un proceso de utilización, transformación y/o valor agregado, y que no se plante sin un rumbo claro, ya que el objetivo de la plantación define que especie utilizar entre otras variables agronómicas” dijo Arenares.

Una hectárea de bambú puede producir de 4.000 a 6.000 cañas por año. Siendo estos valores de producción conservadores, y para esquemas forestales de bambúes de gran porte (de 10 a 15 cms de diámetro y 12 a 15 mts de altura) plantados a baja densidad. Hoy en Uruguay una tacurara sin manejo, de cuatro metros y cinco centímetros de diámetro vale en el mercado entre $ 90 y $ 200. Los brotes en el mercado internacional valen entre US$ 5 y US$ 7 el kilo en conserva listo para consumir.

Potencia
El bambú tiene una de las tasas de crecimiento más altas del mundo: fija 3 o 4 veces más de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera que otros árboles, con capacidad de filtrar agua contaminada, regenerar suelos, evitar erosión y aumentar la infiltración de agua.

En los sistemas productivos

“Los bambúes vienen siendo bien recibidos en Uruguay”, expresaron los expertos. Sin embargo, desde su punto de vista, eso se debe a que ingresan a los predios como “aliados de la producción” y no como un rubro en sí.

El bambú es una alternativa exitosa para ser utilizada en cortinas rompevientos y ha ganado terreno en las diversas explotaciones agropecuarias uruguayas.

Los expertos señalaron que hay especies de bambúes que crecen en matas, no son invasivas, muy adaptadas a los suelos y condiciones de crecimiento, de diferentes alturas, portes y arquitectura de planta, que permiten diseñar cortinas a medida para cada necesidad, con gran adaptabilidad y velocidad de crecimiento. Este tipo de matas permiten generar hileras densas e inclusive hacer un mix de diferentes especies de bambúes generando distintos grados de cobertura.

Los bosques protectores son plantaciones de árboles en filas e hileras, cuya finalidad es desviar los vientos y disminuir los impactos negativos del granizo, la lluvia y la temperatura –tanto alta como baja–, sobre los animales.

“Es importante planificar y diseñar bosques de abrigo y sombra a medida para el rodeos. El confort animal es una variable clave en la eficiencia de producción de sistemas ganaderos” , expresó.

El bambú no tiene problemas con la hormiga, ni plagas o enfermedades que pongan en riesgo la vida de las plantas. Esto facilita su implantación y dada su alta tasa de crecimiento, se pueden ser utilizados en plazos más cortos que con otras alternativas.

Todas esas utilidades son las que vienen seduciendo, a paso lento pero constante, a los productores que cada vez más adaptan a los bambúes a su producción.

Revalorización del acero vegetal
Aunque en América no se ha desarrollado una cultura de uso de la caña, muchas especies nativas eran utilizadas por los indígenas en construcción, armamento e instrumentos musicales. La colonización desplazó esa cultura autóctona y el bambú pasó a ser subvalorado, acotado a la producción hortícola o la decoración. Sin embargo, con el tiempo volvió a ser valorado por su gran versatilidad, calidad y por su aporte al medio ambiente.

El bambú es conocido como “acero vegetal”, por su resistencia a la torsión y a la compresión, única entre las maderas, de gran durabilidad, con alto poder calorífico y alta energía por unidad de peso. Eso le confiere un sinfín de usos.

En la región está en crecimiento exponencial la demanda de productos de bambú, que en su mayoría vienen de Asia, de la mano de una corriente de consumo de orgánicos y de producción sustentable.

Fuente: El Observador

2020-07-31T11:53:21-03:00julio 28, 2020|Categorías: Innovación|Etiquetas: |