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Help! Los Beatles me siguieron a Uruguay

El relato personal de una inglesa en Montevideo, donde los Fab Four están por todas partes.

Por Sophie Bauer

Tengo una amiga que debe ser la persona más anglófila de todo Uruguay. Le encanta el british style: la música, la comida, la bandera, el acento y el hecho de que nuestros pubs cierran antes de medianoche.

Le gusta tanto Inglaterra que su ritual favorito es tomar el té de las 5. Bueno, esto es Uruguay, así que mejor hablemos del té de las 8. No conozco a un sólo británico o a una sola británica que tiene tanta dedicación a nuestra cultura como ella.

Sentadas en una mesa en un bar del Cordón, empieza a contarme del viaje de sus sueños por esa isla tan curiosa. Por supuesto Londres ocupa un lugar privilegiado en la lista, con su catálogo infinito de museos, palacios, parques y trampas para turistas.

Luego, me sigue contando que sin duda alguna, daría un paseo por el mítico Stonehenge, por los tesoros culturales que guardan Oxford y Cambridge y, por supuesto, Liverpool.

¿Liverpool? Casi me asfixio con una papa rústica. ¿Por qué iría una turista a Liverpool? Liverpool es una ciudad industrial en el noroeste de Inglaterra famosa por sus muelles, su club de fútbol y por su «mala reputación».

En una época, sobre todo durante los años ochenta, el crimen abundaba, así como los disturbios, y loshooligans que ocupaban sendos artículos en la prensa.

Lamentablemente, a pesar de la gran inversión que se hizo para renovar la ciudad –hasta el punto que, en el 2008, fue nombrada la Capital de la Cultura Europea junto con la ciudad de Stavanger, en Noruega–, la mala reputación le quedó a Liverpool.

Por supuesto, la curiosidad de mi amiga para Liverpool no tiene nada que ver con el cambio de cara de la ciudad. No tiene nada que ver con sus muelles ni con el fútbol sino con cuatros muchachos llamados John, Paul, George y Ringo que, en la década de 1960, formaron un grupo bastante conocido llamado los Beatles.

Todos sabemos que los Beatles tuvieron un tremendo e irrevocable impacto tanto sobre la música pop como sobre la cultura en general, y el fanatismo por los Fab Four sigue hasta hoy por todo el mundo.

Su música está más viva y se escucha más que nunca, no solamente entre los que eran testigos del fenómeno que sucedía en los años sesenta sino entre buena parte de los millenials, término para los que nacieron entre el año 1980 y los inicios de 2000, tanto por la influencia de sus padres como por auto descubrimiento.

Sin embargo, a pesar del encanto global para los Beatles, siempre me ha parecido que tiene un carácter particular acá en Uruguay, sobre todo entre estos millenials.

Un país beatlemaníaco

Si le comento a alguien de esta generación que soy de Inglaterra, puedo estar casi segura de que, al poco tiempo, el nombre del grupo surgirá en la charla. Y no es que están buscando desesperadamente temas sobre cuales podemos conversar sino que es un tema sinceramente interesante para ellos y, me atrevo decir, una verdadera pasión.

La pasión de Uruguay por los Beatles se transmite tanto a través su gente como por las mismas calles de Montevideo. Recién llegada al país, hasta los muros de la capital me dieron la bienvenida: todos estaban aplastados con posters señalando el próximo concierto de los Danger Four, un grupo de tributo a los Beatles.

Prometían ser, según su página en Facebook, «los embajadores mundiales de los Beatles» y Argentina ya les había otorgado el «Premio Beatle de Oro». Qué lástima que me lo perdí.

Pero también me perdí la oportunidad de ver a Sir Paul McCartney en el Estadio Centenario, dos veces, por la mitad de precio de lo que me costaría en Londres o en mi querido Birmingham natal.

Por otra parte, me sorprende la sinceridad del encanto que los uruguayos parecen tener por este grupo. Creo que, en Inglaterra, los millenials somos unos cínicos con respecto a los Beatles.

Obviamente todos tuvimos nuestra fase de apreciarlos pero, bueno, ya fue. Ahora preferimos burlarnos de la inocencia de las canciones compuestas, principalmente aquellas por Paul McCartney y de Ringo Starr.

Es muy probable que hayamos sufrido de una sobreexposición durante nuestra infancia y a través del currículo escolar que nuestros cerebros ahora rechazan por defecto el primer acorde de A Hard Day’s Night.

Nunca he escuchado tanto a los Beatles como durante estos primeros cuatro meses en Uruguay. Pero nunca los he apreciado tanto tampoco.

Tal vez sea culpa de una segunda ronda de sobreexposición o de haber estado rodeada de tanto entusiasmo y gusto sincero, pero ya estoy viviendo una reencarnación de mi pasión inicial por la música de los Beatles. Así que John, Paul, George y Ringo, With a little help from my (uruguayan) friends, llegaremos a conocernos de vuelta.

Fuente: El Observador

2017-02-20T02:59:46-03:00agosto 12, 2015|Categorías: Cultura, Sociedad|Etiquetas: |