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Los nuevos «héroes» uruguayos: cómo la impresión 3D les cambió la vida

A Federica, Christopher y Camila les cambió la calidad de vida la donación de una organización uruguaya que mezcla ingeniería y solidaridad

Por Anouk Rielo Castells – Especial para Cromo

Federica tiene 5 años. Es de Montevideo, vive en La Blanqueada. Nació con agenesia de radio, lo que provocó que no se le formaran tres falanges (el pulgar, el índice y el corazón). La prótesis con la que contó en sus primeros años no era cómoda para ella, era rígida y le apretaba.

Esta situación suponía una limitación en diversos aspectos, por ejemplo, para bailar ballet, la pasión de Federica. Cuando fue a probar una clase en una escuela de danza, la dueña le preguntó si ella usaba un buzo largo, para que las otras compañeras no le «preguntasen». Finalmente le dio la opción de darle clases apartada del resto de las niñas, por lo que no quiso ir más.

Un día, la madre de Federica, Stefanía Ramos, recibió una llamada de sus padres. Le decían que una muchacha en un programa de televisión de Canal 10 estaba contando que había fundado una organización uruguaya sin fines de lucro que desarrolla manos y brazos en impresión 3D de forma gratuita. Se trataba de Manos de Héroes. Rápidamente, se contactó con Andrea Cukerman, la fundadora de la ONG. En menos de una semana Federica tenía su mano. Rosa y violeta, y con una mariposa, a petición personal.

«El momento en el que recibió la manito fue mágico. La carita de ella, iluminada. Para nosotros fue un antes y un después», cuenta a Cromo Stefanía. «Mamá, ¿viste? Yo ahora voy a tener una manito como la de Valentino» (su hermano gemelo), fue la reacción de Federica al recibir su nueva prótesis «de princesa superhéroe».

Al mismo tiempo, en La Unión, Walter Pensalfini también miraba Canal 10 y se enteraba de la existencia de Manos de Héroes. Gracias a esto, su hijo Christopher, de 14 años, ahora luce una mano con los colores de Peñarol. «Cuando comenzó la escuela los niños lo veían de otra forma. Se burlaban de él, le tomaban el pelo. No quería ir más a la escuela. Yo como padre no sabía que hacer», cuenta Walter a Cromo.

Christopher nunca había usado una prótesis, pero gracias a Manos de Héroes pudo tener esta oportunidad. Walter afirma que su calidad de vida mejoró, que «es otro niño, porque no solo cambió su forma de ser, sino que se siente uno más, como si fuese su mano propia».

Pionera en Uruguay
Desde 2011, la asociación estadounidense Enable The Future ha reunido más de 30.000 voluntarios y ha entregado más de 7 mil prótesis impresas en 3D por todo el mundo. Diversos países cuentan con iniciativas similares. Uruguay no se encontraba entre estos países hasta que en abril de 2020 la ingeniera eléctrica Andrea Cukerman decide fundar Manos de Héroes.

La experta «se dio cuenta» de la creciente importancia de la impresión 3D en el mundo, y quiso enfocar esta tecnología hacia una causa humanitaria. En ese momento se puso en marcha: «me puse a trabajar, a estudiar, a golpear puertas las cuales muchas de ellas se me cerraron, hasta que decidí ir directa a la gente», cuenta a Cromo.

Las piezas de un brazo impreso en 3D tarda aproximadamente tres tandas de ocho horas, mientras que las manos necesitan un par de tandas. En base a un diseño introducido, la impresora funde unos filamentos de plástico para construir con el material las piezas mediante capas muy finas y sobrepuestas. Posteriormente se procedería al armado de las piezas de la prótesis, lo que requeriría medio día más. Finalmente el proyecto también se encarga de organizar y coordinar a los voluntarios y las entregas.

Así, este proyecto, que empezó con la impresora y los materiales de Cukerman, terminó generando una red de gente identificada con la causa. A pesar de no tener una institución que la respalde, a día de hoy hay voluntarios por todo el país, desde personas con impresoras 3D hasta fotógrafos, pasando por donantes de materiales y diversos profesionales que ofrecen su experiencia y su conocimiento a este proyecto. Actualmente están creando la Fundación Manos de Héroes para poder aceptar donaciones.

Más allá de lo físico
Una de sus voluntarias, que a su vez fue beneficiaria de una de las prótesis, es Camila Barrios, una estudiante de Gestión Cultural. Cuenta a Cromo que nació con una «diferencia» en la mano izquierda: «a mí me gusta llamarlo así porque no lo siento como una falta de nada. Siento que nací diferente, y para mí no es una discapacidad».

Ella cocina, anda en bici, cuida niños y toca el piano. «¿Por qué hay que tener los diez dedos para considerarse capacitada?», se pregunta.
Camila narra que le faltaba la confianza para mostrarle al mundo cómo era. Una confianza que vino a raíz de su acercamiento a Manos de Héroes. «Yo usaba una mano súper estética. Era una prótesis que imitaba mi piel, que tenía venas y la francesita en las uñas», sin embargo, cuenta que cuando apareció la organización le enseñó otro camino, «que yo no tenía que fingir lo que no era».

Así, dejó atrás el esconderse y el usar campera hasta en verano. A día de hoy usa manos de colores y no le «asustan» las preguntas. Forma parte de activamente de la organización, ayudando con las redes sociales y con las entregas. «La primera entrega fue a un niño que pidió una prótesis de Iron Man. Me movilizó mucho porque él había nacido así, como yo, me tocaba muy de cerca. Verle la carita cuando recibió la mano, y cómo lloraba la mamá… Toda esa emoción era muy fuerte», cuenta Camila.

Como ella, muchos llegan a las entregas «tapados, con la manga larga, tímidos», afirma Cukerman que «cuando se prueban esa mano, y se ven al espejo y se sienten un poquito más grandes, y se ven y se sienten diferentes, y esto no sólo lo ve él, también lo ve el entorno». De esta forma, más allá el impacto físico y funcional, la ingeniera considera que el factor clave es lo que se genera a nivel emocional. Explica que cuando les dan a los niños la opción de elegir el color, nunca eligen el color piel. Los niños eligen el color del Hombre Araña, de su cuadro de fútbol, de Iron Man. «Eligen la mano de su héroe. Ser un héroe para un niño no tiene que ver con salvar al mundo, sentirse como un superhéroe para un niño es tener confianza», afirma.

Tanto es así que Valentino, el hermano de Federica, se pidió su propia prótesis 3D con los colores de Capitán América para jugar a los superhéroes con su hermana. Los sábados Federica la lleva orgullosa a sus nuevas clases de ballet. «Ella no tiene tanta vergüenza, se destapó más. Es otra niña», cuenta Stefanía.

Y como ellos una treintena de personas han recibido estas creaciones en 3D en tan solo seis meses de trabajo de la organización. La mayoría son para niños y niñas que nunca habían usado una prótesis. Camila cuenta que el Banco de Previsión Social (BPS) te da una hasta los 16 años (tras un largo y costoso proceso), y hasta que la persona trabaje no te la vuelve a dar. Con 15 años recibió una de este organismo y narra que fue una experiencia dolorosa: «fue raro, me trataron como un número, y la mano no me gustaba, me hacía sentir como que me habían dado algo para taparla». A día de hoy, como no trabaja, no puede acceder a una prótesis del BPS.

Fuente: El Observador

2020-11-16T15:18:00-03:00noviembre 16, 2020|Categorías: Innovación|Etiquetas: , , |